Club Caliope
Autora: Valeria L.
Septiembre 2017
Septiembre 2017
Plantea una búsqueda existencial que es
siempre personal y constante. Convertirlo en un modelo a seguir. De la nada nos salvamos nosotros mismos.
En
contraposición, a pesar de la rotundidad de sus argumentos, incluso su vehemencia, su amigo “lleno
de furioso desaliento” le contesta “¿no te parece que… deberíamos ir a buscar
el sepulcro de Dios… que Dios resucite y
nos salve de la nada?”
El
autor que escribe el prólogo (Unamuno)
lo identifico con un nuevo D. Quijote que aconseja según el saber de D. Quijote
y, al amigo al que aconseja, como Sancho Panza, el que todo lo espera fuera de
él mismo.
En todo caso construye una situación dialéctica con él mismo muy interesante.
El título no
puede ser más explícito en relación al texto: “Itinerantes”
Sea el motivo que sea el que obligue a las familias a cambiar constantemente de dirección, lo único cierto es que no se trata de una descripción literal.
El relato no
concluye como no concluye la calidad de itinerantes de los miembros de la
familia.
Pero ¿por
qué no le quiere dar a la tía la nueva dirección y sólo se lo comunica cuando
están a salvo?
¿Por qué no
le conviene saber su dirección?
Puedo intuir
que alguna amenaza gravita sobre la familia: problema familiar, testigo
protegido, etc. que le obliga a cambiar de domicilio.
De todo ello
la hija lo que percibe y le fastidia enormemente es el cambio de domicilio con
todo lo que conlleva.
Siempre
habrá una pregunta.
El relato en
sí es itinerante.
“Otra vez…”


Albert Camus recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957.
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