27 octubre 2023

PROGRANA DE LECTURAS CURSO 2023-24

FECHA REUNIÓN TÍTULO AUTOR GÉNERO
08/11/2023 En nombre de la rosa Umberto Eco Novela
13/12/2023 El misterio de la cripta embrujada Eduardo Mendoza Novela
20/12/2023 Celebración Navideña del Club    
10/01/2024 Seda Alessandro Baricoo Novela
24/01/2024 Higados al brandy Antonio Villar Relato
07/02/2024 Rebelión en la granja Geroge Orwell Fábula
06/03/2024 La joven de la perla Tracy Chevalier Novela
03/04/2024 Los renglones torcidos de Dios Torcuato Luca de Tena Novela
08/05/2024 El hereje Miguel Delibes Novela
05/06/2024 La peste Albert Camús Novela

10 octubre 2023

Cometarios. Relato: La muerte entre las flores.@ lolita_la coste.

 

Club Calíope

 

Autor: Rafael Serrano Allely

 

Mis notas.

 

Una primera lectura del relato me ha producido un poco de desconcierto al pretender racionalizar excesivamente el mismo:

¿Quién es el narrador?

¿A quién se dirige?

¿Qué relación tienen?

¿Por qué sólo uno de los dos se da cuenta que el tiempo se les está muriendo?

¿Se trata de recuerdos materiales o fundamentalmente de recuerdos unidos al tiempo?

En una segunda lectura estoy más cerca de lo que pueda sentir con el relato que con la primera reflexión, excesivamente analítica, que no me lleva a nada.

Somos tiempo y cuando nos vamos, por mucho que queramos, el tiempo se queda aquí junto con los recuerdos.

Relato. Muerte entre las flores. Autora :@lolita_la coste

 Club Calíope

Muerte entre las flores (@lolita _la coste)

Hace días que me lo repites, dices que se nos está muriendo el tiempo, se muere en casa, se muere en la calle y en el jardín. Por todos lados vemos fragmentos de horas, días y meses agonizando. Lo malo es que cuando el tiempo muere ya nunca vuelve a nacer.

Tal vez por eso andas recogiendo pedazos de tiempo por los rincones, día a día vas atesorando restos de horas y de días con los que tropiezas a menudo mientras callejeas por el centro de la ciudad.

Dices que vas a guardarlos, quieres protegerlos para que no desaparezcan, y ya en casa escoges la buhardilla para esconderlos, los acomodas junto a esos recuerdos que a veces miramos con pesar.

Poco a poco se ha ido llenando el altillo de meses, días y horas. Los cuidas con esmero, les llevas comida y agua y les vendas las heridas. Desde la ventana, los fragmentos de tiempo contemplan con temor el silencio que cubre el jardín, tienen miedo a morir, como mueren esas flores abandonadas en tierra de nadie.

El tiempo sigue acumulándose en casa de forma escandalosa. Los días y los meses ya casi no caben en el desván y han ido ocupando todo el espacio, primero fue la escalera, más tarde el comedor y poco a poco han ido invadiendo toda la casa. Ya no nos queda ningún rincón por habitar.

Empiezas a temer lo peor, que no puedas cobijarlos a todos y tengas que abandonarlos a su suerte o dejar que vivan como puedan en el jardín.
Decides prestarles la casa para que no acaben deambulando por las calles, ebrios de soledad. Por eso hemos decidido marcharnos. Les hemos dejado comida y agua para media eternidad.

Mientras nos alejamos nos aturde contemplar las flores del jardín rodeando la casa. Nunca habían lucido con un color tan vívido, de una belleza casi irreal. Resulta insólito ver esa mezcla de flores trepando sobre la hiedra mientras el tiempo permanece dentro, encerrado para siempre.

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