31 octubre 2014

El señor de las moscas. William Golding.

Por Valeria L.


Entretenido libro, muy bien presentados la situación y los personajes por su autor, que fue premio nobel en 1983 por esta misma novela, pues aunque todos sabemos que el premio Nobel se otorga por toda una vida de trabajo, siempre se elige a la que consideran mejor o más representativa de ese trabajo para fundamentar la elección.
Esta historia es una parábola que refleja hasta dónde puede llegar la condición humana, utilizando niños – muy sabiamente - para preparar sus arquetipos. De esta manera “garantiza” la inocencia inicial de sus personajes que parten de una situación óptima en cuanto a educación, socialización, moralidad, normas de conducta…etc., para evolucionar hasta un grado de deshumanización total.

Empieza el libro con un accidente aéreo en una isla desierta del que sólo sobrevive una treintena de niños de unos 5 a 12 años, aproximadamente, escolares británicos que intentar ser evacuados durante la guerra.

Hay dos grupos claramente diferenciados: los “peques” de los que apenas se sabe su nombre y poco más, y los más mayores, diferenciados por su nombre -por supuesto-, y por su carácter y el papel que representan en el grupo.

Enseguida se organizan de manera jerárquica y democráticamente eligen un jefe y reparten los roles que consideran necesarios: Los cazadores, los que mantienen la hoguera, los que construyen refugios… etc. Se organizan reuniéndose en asambleas que convocan con el sonido de una caracola. Esta caracola cobra un protagonismo mágico: No sólo convoca las asambleas mediante su sonido al que todos responden al unísono, sino que además concede la palabra en estas asambleas al que la sostiene entre sus manos.

Estos son nuestros protagonistas.

Poco a poco surgen los celos, las rencillas y la lucha por la jefatura del grupo. Al líder -Ralph-, aclamado casi por unanimidad como tal en la primera asamblea, le sale un opositor -Jack- con el que mantiene una lucha de poder a poder, de principio a fin de la novela. El líder -Ralph-, pretende representar la organización, la prudencia, la sensatez, mientras que el opositor-Jack-, jefe de los cazadores, representa la fuerza, la arrogancia, la valentía y la diversión.

Mientras la preocupación casi absoluta de Ralph es conseguir que los rescaten y en ello emplea todas sus fuerzas, Jack, poco a poco se va asalvajando, hasta convertirse en un verdadero bárbaro, cruel e irracional.

Según avanza la novela vemos como, poco a poco, lo irracional vence a lo racional. Jack se separa del grupo y crea su propia tribu con los niños que van abandonando a Ralph para unirse a él.

Finalmente sólo quedan en el grupo inicial el propio Ralph y Piggy, un chico acomplejado por su físico y sus limitaciones, al que todos hacen burla y menosprecian, incluido el propio Ralph, pero que al quedarse solamente con él como compañero, empieza a valorar y a reconocer lo acertado de las ideas y consejos sensatos de Piggy.

La evolución de la situación es, a pesar de lo extremada, bastante creíble, pues está muy bien presentada y desarrollada por el autor. Llegas a creer que era imposible otra evolución, que estaban abocados a ella.

Los personajes, verdaderos arquetipos dignos de Shakespeare o Molière, son fácilmente identificables en cuanto a la cualidad humana que representan: el orden, la violencia, el liderazgo, la bondad, la brutalidad, la sensatez, la crueldad, el servilismo, los instintos descontrolados…

Y todos ellos comparten un mismo sentimiento: el miedo. El miedo a la oscuridad, el miedo a lo desconocido, el miedo a un posible peligro fuera de su entendimiento… Todos estos miedos están representados por “la bestia”.

La bestia no se sabe muy bien qué es. Es el miedo de todos y cada uno de ellos. Es una serpiente que se les aparece en sueños, es un animal que sale por la noche del agua, es un monstruo que vive en lo alto de la montaña que se infla y se desinfla… Es, en fin, cualquier cosa que pueda dar miedo a un niño pequeño y solo.

Este miedo se va apoderando de ellos según va avanzado la novela, atenazándolos y dominándolos. Esta es una de las bazas que juega Jack (jefe de los cazadores) pues dice ser el único que les puede proteger de la temida bestia.

En cuanto al título, no me parece muy adecuado. Esta obra es tan famosa y tan conocida a escala mundial que nadie nos atreveríamos a cuestionar el título, pero, ¿quién es el señor de las moscas?. Las únicas moscas que salen en la novela son las que se ceban sobre una cabeza de jabalí ensartada en una lanza y que es ofrecida como ofrenda a la supuesta bestia (a la que nadie ha visto) ; y esa cabeza no me parece realmente “señor” de nada.
de las moscas.
Hay un parte que me parece no muy preparada y quizá un poco repentina, que es el final de la novela. Es como si de repente vieras que se te acaba el papel en el que escribes y tienes que terminar la novela de alguna manera. Bien es cierto que había pocas maneras de acabarla, pero me parece un poco precipitada. Casi como si despertaras repentinamente de una pesadilla. Quizá quiera representar eso.

“El señor de las moscas” ha sido llevada al cine en dos ocasiones, la primera, en 1963, por el director Peter Brook, que se ciñe con bastante rigurosidad al texto de William Golding y la segunda en 1990, por Harry Hook.

En la primera película, el director Peter Brook es británico, al igual que el autor de la novela y, como ya he dicho, hace una fiel versión cinematográfica del libro.

La segunda es de producción Estado Unidense y, ¿que queréis que os diga?, no pueden dejar de dar su toque personal: Los protagonistas son americanos -por supuesto- y miembros de una academia militar -también por supuesto- y además algo mayores que en el libro (les debió parecer un poco duro meter a un niño de 5 ó 6 años en una academia militar).

No obstante no me voy a permitir el lujo de comentarlas ni compararlas ya que nos las he visto. Sí he leído comentarios de ambas en todos los sentidos (casi todos positivos) y personalmente, creo que la estadounidense podría ser bastante más espectacular y comercial, como casi todas las que hacen.

Creo que me he excedido en mi comentario y quizá haya “informado” de más a alguien que no haya leído este libro. Espero que no, y si es así, os pido disculpas y, aún de esta manera os recomiendo fervientemente su lectura. Y una cosa más: aunque es un libro protagonizado exclusivamente por niños, no es un libro para niños.

28 octubre 2014

"El Libro de arena" y "Los limpiadores de estrellas" o el paralelismo Borges - Cortázar

No hace mucho, leímos en el Club de Calíope un cuento de Jorge Luís Borges El Libro de Arena, donde trata de forma maravillosa, genial, de esa forma que no sé de qué forma es pero que quedas atrapado desde que comienzas la lectura, uno de los problemas filosófico-científicos más intrigantes y absorbentes desde hace varios miles de años y que tantos dolores de cabeza han levantado a hombres de todas las épocas: El Infinito.
Inspirado en la obra del matemático, físico y filósofo Arquímedes de Siracusa, hijo de Fidias  el astrónomo- y varios siglos adelantado a su época, El Arenario donde el gran Arquímedes intenta explicar al rey  Gelón que es el infinito. Hay que tener presente que los griegos tenían verdadero horror a considerar números grandes, como si fuera de sus necesidades de orden práctico,  no tuviesen realidad objetiva.
Creen algunos, ¡oh rey Gelón, que el número de granos de arena es infinito; mas no ya el de los que rodean a Siracusa y cubren las distintas playas de Tinacria, sino el de las que pueda haber en todas las regiones habitadas y desiertas, está lejos de serlo.
Sinceramente, en mi ignorancia, creí que no encontraría otro relato que me llenara tan profundamente como el de Borges, hasta que de forma casual, tropecé con otro gran escritor y otra, para mí, grandiosa obra: Los limpiadores de estrellas  de Julio Cortázar, que de forma magistral trata realidad y fantasía, creando una estrecha relación o mejor una simbiosis entre ambas cualidades que  llenan toda la imaginación del lector.
Aunque lejos de mí está el atribuirme funciones literarias que no me corresponden pues mi ignorancia es grande,  ambas lecturas las recomendaré siempre a mis amigos con la única intención de que las disfruten como yo las he disfrutado. Ninguna de estas obras termina cuando acabas la lectura.
Una recomendación que si me atreveré a hacer es que previo a la lectura de Los limpiadores de estrellas revisen por internet la paradoja de Olbers (en modo divulgativo)  que fue planteada a la comunidad científica por este físico y astrónomo, y resuelta de varias formas, aunque la más ortodoxa fue realizada a partir de la publicación de Einstein de la Teoría de la Relatividad Especial. (aquí podréis comprobar cómo el infinito también esta presente)

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