13 noviembre 2025

Comentarios. Nada. Carmen Laforet

Club Caliope

Mis notas: Rafael Serrano Allely

Se trata de una narración basicamente lineal, donde la protagonista, Andrea, narra en primera persona lo ocurrido en el año que estuvo en Barcelona con el laudable objetivo de estudiar en la Universidad.

Los personajes están muy bien delimitados. Pertenecen básicamente a dos grupos sociales diferentes. EL de la familia de Andrea de clase burguesa que, tras la guerra civil, se había empobrecido y donde las tensiones familiares se habían disparado considerablemente. EL otro grupo social seguía manteniendo el nivel económico y la estabilidad familiar después de de la guerra civil. Andrea a través de sus contactos con la Universidad, tiene ocasión de vivir y conocer dos mundos con pocos puntos comunes.

Las tensiones familiares eran tan desesperantes que inciden muy negativamente en las expectativas positivas con la que llego a Barcelona a casa de sus familiares. Lo que compensa con amigos del entorno universitario que ofrecen una posibilidad de vivir y comparar otro mundo que de alguna manera le alivia y puede hacerle pensar en un futuro.

Interesante la relación que hay entre algunos miembros de las dos familias, en principio equivocas para Andrea, pero que al final del libro termina conociendo. Por ejemplo entre la madre de la amiga de Andrea y su tío.

Me ha parecido muy interesante la profundidad psicológica de la narración.

La palabra “nada” se utiliza de manera prolija a lo largo de la novela para indicar la desilusión, la tristeza, las consecuencias negativas de la guerra civil, la desesperanza...

Andrea rememora un pasado que le lleva a considerar que de las vicisitudes que pasó en un entorno familiar adverso no entendió nada en su momento: “No una muchacha como era yo entonces”

Es por ello normal que haya un componente subjetivo y algún aprendizaje positivo después de una reflexión profunda.

Cito “Bajé las escaleras, despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con las que había subido la primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De casa de la calle de Aribau no me llevaba nada, al menos así creía yo entonces


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