15 diciembre 2014
12 diciembre 2014
MONTAIGNE
MIS NOTAS
(RAFAEL)
A destacar:
1 La relación
de Montaigne con los libros: de la ostentación (hacer gala de conocimientos) al
placer de la lectura que” espera que le estimulen y le instruyan”
2 El tránsito
de la lectura a la escritura: “la lectura… le invita a responder, a expresar su
propia opinión” “… y para controlar sus pensamientos trata de fijar algunos por
escritos”
3 La
búsqueda de sí mismo a través de la escritura. (“Pero, sin saberlo, Montaigne
se ha convertido en escritor”).
4 Como la
publicación de sus escritos modifica su escritura: primero conocerse y después
mostrarse.
5 Cómo
Zweig intercala comentarios y
reflexiones apoyándose en pensamientos del mismo Montaine.
Muy a
propósito las indicaciones el relato para un buen lector. Por lo que quiero
poner el texto en relación con una de las indicaciones que me facilitó Valeria
en mi primera reunión de nuestro Club de Lectura: “ No tenemos obligación de
continuar con un libro del que no estamos disfrutando de alguna manera”
SI ESTO ES UN HOMBRE.
(Trilogía de Auschwitz)
MIS NOTAS (RAFAEL)
La primera impresión después de la lectura es de
sobrecogimiento. Si en el Señor de las Moscas se trata de una situación límite
de ficción, la actual es una situación
límite de no ficción, contada como testigo por el propio autor.
Tratándose de no ficción lo que más me llama la atención son
las comparaciones, las metáforas (… o arrojarnos bajo los trenes que maniobran, y entonces
dejaría de llover”) y el encadenamiento de frases buscando opciones mínimas
(“…infinitesimal…”) de deseos supeditados a la suerte. Por lo que en definitiva
el devenir de sus vidas no está en sus manos.
Sobrevivir: de Kraus
dice “… no ha aprendido todavía nuestro arte subterráneo de economizarlo todo,
el aliento, los movimientos, hasta el pensamiento. No sabe todavía que es mejor
hacerse golpear, porque de los golpes en general no se muere, pero sí de
cansancio, y malamente, y cuando uno se da cuenta ya es demasiado tarde”.
Kraus: ejemplo del que no ha aprendido a sobrevivir, no se
ha adaptado por que conserva su estilo de vida anterior.
Comentario: "El camino". M. Delibes
Por Rafael Serrano
Destacaría los diálogos de los niños, sus reflexiones, sus
dudas y recelos, las aproximaciones sucesivas al conocimiento del mundo que les
rodea, la confrontación con el mundo adulto, cómo entienden la amistad y las
incipientes relaciones platónicas. Todo lo cual trasciende el momento histórico
en el que se sitúa la novela y creo que constituye un camino muy común en el
aprendizaje infantil, independientemente del entorno. Para mí es la parte mejor
conseguida.
Tratándose de una novela que se sitúa en la inmediata
postguerra española, no se contiene en la vida del pueblo ninguna repercusión
social negativa: mendicidad, paro, enfermedades (si se habla de tisis),
analfabetismo, “desaparecidos”, escasez de alimentos…
Las profesiones son las típicas y consolidadas en cualquier
pueblo: Cura, maestro, herrero, quesero… y sus familias. Lo que hoy diríamos
“personas situadas” ¿Quién trabaja en el campo? Matrimonios con pocos hijos… (en
algunos casos sólo uno)
El espacio del relato queda descrito como un paraíso que un
niño como el Mochuelo no quiere dejar: valle, montañas, árboles, pájaros…
libertad. Recorrido, eso sí, por el tren y una carretera.
No obstante la novela (que carece de una fuerte trama)
resulta entretenida, por los diálogos de los niños, por las anécdotas que se
intercalan, la descripción de los lugares y los personajes (algunos tan típicos
como La Guindilla o el Cura), las reflexiones cuasi filosóficas y las
pinceladas de humor. En definitiva se idealiza la vida rural, aunque para
progresar el Mochuelo debe irse a la ciudad. El conjunto creo que está bien
escrito.
Algunos subrayados:
“… si el chico vale o no vale para estudiar depende de si
tienes cuarto o si no los tiene”
El Cura: “Es lástima que vivamos uno a uno para todas las
cosas y necesitemos emparejarnos para ofender al Señor…” ¿?
Irene: “Las mujeres feas no tenemos honra, desengáñate,
hermana”
La Guindilla mayor y…:
“…los que ganaban poco dinero y de éstos decían que eran unos vagos y
unos holgazanes, y los que ganaban mucho dinero, de los cuales afirmaban que si
trabajaban era sólo para gastarse el dinero en vino… en medio está la virtud”
“Los ricos siempre se encariñan cuando son ricos de los
sitios donde han vivido…”
“Mochuelo comprendió que la voluntad del hombre no lo es
todo en la vida. Existían cosas que se le imponían al hombre…”
“Como otras muchas mujeres, la Guindilla mayor despreció el
amor mientras ningún hombre le propuso amar y ser amada.”
LA MUJER DE LA ESQUINA (RAFAEL) (corregido)
Siempre estaba allí, de día y de noche. Cuatro cartones y un
paraguas le eran suficientes para pasar la noche. La experiencia le decía que
las noches las tenía que pasar en sitio bien visible. Los vecinos la conocían
como la mujer de la esquina. Nunca
cruzó una palabra con nadie. No pedía limosna. Algunos vecinos le acercaban
alguna comida que ella recogía muy disimuladamente. Su edad era indeterminada.
Nadie sabía cuándo se aseaba, cuando se cambiaba o donde hacía sus necesidades.
El sistema la había excluido. ¿O se había excluido ella? Estaba en el vació, en la nada. No contaba para nadie, ni para
ella. Leía, ¿cómo no? O hacía que
leía. O era una manera de soportar la humillación de su situación, escondiendo
su mirada en un libro. Un día se dijo: estoy
harta de la vida. Lo escribió en un cartón y se lo puso en la cabeza a modo
de peineta. Del silencio y recogimiento pasó a cantar “Pasodoble te quiero”
Algunos vecinos se dijeron que algo había que hacer para que se fuera a divertirse y que no les echaran cuenta, y que lo
mejor sería ponerse de acuerdo para que nadie le llevase comida. Algunas veces
recibía la visita de la policía que le conminaba a abandonar la esquina, su
esquina. Acabó en otra dimensión, en
la actual situación estaba de más.
Comentario sobre la muerte de Stefan Zweig.
Fragmento del libro “Lo que tiene Alas”.
Autor,Eduardo Jordá.
“Nací en 1881 en un imperio grande y poderoso, la monarquía de los Habsburgo; pero es inútil buscarlo en el mapa porque ha sido borrado sin dejar rastro. Me crié en Viena, la metrópoli dos veces milenaria, capital de varias naciones, y he tenido que huir de ella como un criminal antes de que fuera degradada al rango de una ciudad provinciana de Alemania”. Esto lo escribió Stefan Zweig en su autobiografía “El mundo de ayer” (1943), el libro que quiso dejar como testamento, el libro que le permitió creer que todo lo que tenía que decir ya estaba dicho. Porque en febrero de 1942 se suicidó en Brasil, en plena II Guerra Mundial, después de haber escrito estas hermosas palabras de despedida: “Antes de quitarme la vida por propia voluntad y con plena lucidez, me siento obligado a realizar un último deber: dirigir mi más profunda gratitud al Brasil, este maravilloso país que me ha otorgado, a mí y a mi trabajo, un reposo tan amistoso como hospitalario (…) Pero cuando uno ha cumplido más de sesenta años, necesita unas fuerzas excepcionales para iniciar una nueva vida desde el comienzo. La verdadera patria que ha elegido mi corazón, Europa, está perdida para mí desde que, por segunda vez, se desangra en una guerra fratricida. Por lo tanto, pienso que es mejor poner fin a tiempo, con la cabeza bien alta, a una existencia en la que el trabajo intelectual ha significado siempre la alegría más pura, y la libertad individual, el bien supremo de este mundo. Saludo a todos mis amigos. ¡Ojalá puedan ver la aurora después de esta larga noche! Yo soy demasiado impaciente y me marcho antes que ellos”. Stefan Zweig, Petrópolis, 22-2-1942.
Comentario (Si esto es un hombre)
Por Victoria López.
En este relato se muestra la realidad y el horror vivido en primera persona, por un judio superviviente del holocausto. Primo Levi.
La no-vida dentro del campo de concentración, las condiciones en las que se encontraban los prisioneros, el maltrato de los nazis, muestra la crueldad de extirpar cualquier forma de sentimientos y pensamientos de los seres humanos. Creo que muestra la realidad tal y como fue de aquel incomparable genocidio.
Por Victoria López.
En este relato se muestra la realidad y el horror vivido en primera persona, por un judio superviviente del holocausto. Primo Levi.
La no-vida dentro del campo de concentración, las condiciones en las que se encontraban los prisioneros, el maltrato de los nazis, muestra la crueldad de extirpar cualquier forma de sentimientos y pensamientos de los seres humanos. Creo que muestra la realidad tal y como fue de aquel incomparable genocidio.
Seleccionado por Diego Martínez
Trilogía de Auschwitz: (Si esto es un hombre / La tregua / Los hundidos y los salvados) (MODERNOS Y CLÁSICOS)
de Primo Levi (Autor)
Si esto es un hombre (1958) (Trilogía de Auschwitz), de Primo Levi
Kraus
Cuando llueve uno querría poder llorar. Estamos en noviembre, llueve desde hace diez días y la tierra es como el fondo de un pantano. Todas las cosas de madera huelen a moho.
Si pudiese dar diez pasos a la izquierda, hasta donde está el cobertizo, estaría a salvo; me bastaría con un saco para cubrirme la espalda, o tan sólo la esperanza de un fuego donde secarme; o quizás con un trapo seco que meterme entre la camisa y el espinazo. Lo pienso, entre una palada y otra, y me convenzo de que tener un trapo seco sería una auténtica felicidad.
Es imposible estar ya más mojado; lo único que hace falta es procurar moverse lo menos posible, y sobre todo no hacer movimientos nuevos, no sea que cualquier otra porción de piel se ponga en contacto sin necesidad con la ropa empapada y gélida.
Es una suerte que hoy no sople el viento. Es extraño, de alguna manera se tiene siempre la impresión de tener suerte, de que cualquier circunstancia, tal vez infinitesimal, nos sujeta junto al abismo de la desesperación y nos permite vivir. Llueve, pero no sopla el viento. O tal vez llueve y sopla el viento: pero sabes que esta tarde te toca a ti el suplemento de potaje y, entonces, también hoy encuentras fuerzas para superar la tarde. O incluso tienes lluvia, viento y el hambre cotidiana, y entonces piensas que si no te quedase otro remedio, si no sintieses en el corazón más que sufrimiento y tedio, como a veces sucede, que te parece en verdad yacer en el fondo, pues bien, aun entonces pensamos que si queremos, en cualquier momento, siempre podemos llegarnos hasta la alambrada eléctrica y tocarla o arrojarnos bajo los trenes que maniobran, y entonces dejaría de llover.
Desde esta mañana estamos clavados en el fango, hasta los muslos, sin mover nunca los pies de los dos agujeros que han hecho en el terreno viscoso; oscilando sobre las caderas a cada palada. Yo estoy a mitad de la excavación, Kraus y Clausner están en el fondo, Gounan por encima de mí, al nivel del suelo. Sólo Gounan puede mirar en torno a sí, y advierte con monosílabos a Kraus, de cuando en cuando, de la oportunidad de acelerar el ritmo, o eventualmente de descansar, según quien pase por el camino. Clausner pica, Kraus me sube la tierra palada a palada y yo se la subo a Gounan, que la amontona de lado. Otros hacen la lanzadera con las carretillas y llevan la tierra quién sabe adónde, no nos interesa, hoy nuestro mundo es este agujero fangoso.
Kraus ha errado un golpe, un puñado de barro vuela y se me aplasta contra las rodillas. No es la primera vez que sucede, sin mucha confianza le advierto que tenga cuidado: es húngaro, entiende bastante mal el alemán y no sabe una palabra de francés. Es largo, largo, tiene gafas y una cara curiosa, pequeña y torcida; cuando se ríe parece un niño, y se ríe con frecuencia. Trabaja demasiado, y demasiado vigorosamente: no ha aprendido todavía nuestro arte subterráneo de economizarlo todo, el aliento, los movimientos, hasta el pensamiento. No sabe todavía que es mejor hacerse golpear, porque de los golpes en general no se muere, pero sí de cansancio, y malamente, y cuando uno se da cuenta ya es demasiado tarde. Piensa todavía… oh, no, pobre Kraus, no es un razonamiento el suyo, es tan sólo una absurda honestidad de empleadillo, se la ha traído aquí dentro, y ahora le parece que es como afuera, donde trabajar es decente y lógico, además de conveniente, porque, según dicen todos, cuanto más trabaja uno, más gana y come.
—Regardez-moi ça! Pas si vite, idiot! —impreca Gounan desde arriba; después se lo traduce al alemán: Langsan, du blöder Einer, langsam, verstanden?
Kraus puede matarse de cansancio, se sabe, pero no hoy, que trabajamos en cadena y el ritmo de nuestro trabajo es condicionado por el suyo.
Ahí está, es la sirena del Carburo, ahora se van los prisioneros ingleses, son las cuatro y media. Después pasarán las chicas ucranianas y entonces serán las cinco, podremos enderezar la espalda, y ahora sólo la marcha de retorno, la llamada y el control de los piojos nos alejarán del reposo.
Es la reunión, Antreten de todas partes; por todas partes se arrastran los fantoches del fango, estiran, los miembros envarados, llevan las herramientas a las barracas. Nosotros sacamos los pies del foso, cautamente para no dejarnos pegados los zuecos, y nos vamos, bamboleantes y chorreantes, a formar para la marcha de vuelta. Zu dreien, de tres en fondo. He procurado ponerme junto a Alberto, hoy hemos trabajado separados, tenemos que preguntarnos qué tal nos ha ido: pero alguien me ha dado un manotazo en el estómago, me he quedado detrás, mira, exactamente junto a Kraus.
Ahora partimos. El Kapo canta el paso con voz fuerte: Links, links, links; al principio duelen los pies, poco a poco uno se calienta y los nervios se distienden. También hoy, también este hoy, que esta mañana parecía invencible y eterno, lo hemos perforado a través de todos sus minutos; ahora yace concluido e inmediatamente olvidado, ya no es un día, no ha dejado rastro en la memoria de nadie. Lo sabemos, mañana será como hoy: quizás llueva un poco más o un poco menos, o quizás en vez de a cavar vayamos al Carburo a descargar ladrillos. O mañana también puede acabarse la guerra, o nos matarán a todos nosotros, o seremos trasladados a otro campo, o se realizarán algunas de las grandes innovaciones que, desde que el Lager es Lager, son incansablemente pronosticadas como inminentes y seguras. Pero ¿quién podría pensar seriamente en mañana?
La memoria es un instrumento curioso: desde que estoy en el campo me han bailado en la cabeza dos versos que ha escrito un amigo mío hace mucho tiempo:
… hasta que un día
no tenga sentido decir mañana.
Aquí es así. ¿Sabéis cómo se dice «nunca» en la jerga del campo? Morgen früh, mañana por la mañana.
Ahora es la hora de links, links, links und links, la hora en que no hay que perder el paso. Kraus es torpe y ya se ha ganado un puntapié del Kapo porque no sabe marchar alineado: y ahora empieza a gesticular y a masticar un alemán miserable, oye, oye, quiere pedirme perdón por la paletada de barro, todavía no ha comprendido dónde estamos, hay que admitir que los húngaros son una gente muy singular.
Ir marcando el paso y pronunciar un discurso complicado en alemán es demasiado, esta vez soy yo quien me doy cuenta de que lleva mal el paso, y lo he mirado, y he visto sus ojos, detrás de las gotas de lluvia de las gafas, y eran los ojos del hombre Kraus.
Entonces sucedió algo importante, y viene a cuento contarlo ahora, quizás por la misma razón que fue oportuno que sucediese entonces. Se me ocurrió hablarle largamente a Kraus: en mal alemán, pero lento y recalcado, convenciéndome, después de cada frase, de que la había comprendido.
Le conté que había soñado que estaba en mi casa, en la casa donde había nacido, sentado con mi familia, con las piernas bajo la mesa, y encima, mucha, muchísima comida. Y estábamos en verano, y en Italia: ¿en Nápoles?… pues sí, en Nápoles, no es caso de afinar. Y de pronto, sonaba el timbre y yo me levantaba lleno de ansiedad, e iba a abrir, ¿y qué veía? A él, el aquí presente Kraus Páli, con pelo, limpio y gordo, y vestido de hombre libre, y con una hogaza en la mano. Dos kilos, todavía caliente. Entonces Servus, Páli, wie geht's? y me sentía lleno de alegría, y le decía que entrase y le explicaba a mi familia quién era, y que venía de Budapest, y por qué estaba tan mojado: porque estaba empapado, así, como ahora. Y le daba de comer y de beber, y después una buena cama para dormir, y era de noche, pero había una maravillosa tibieza gracias a la cual en un momento estábamos todos secos (sí, porque también yo estaba muy mojado).
Qué buen muchacho debía ser Kraus de paisano: no vivirá mucho tiempo aquí dentro, esto se advierte a la primera mirada y se demuestra como un teorema. Siento no saber húngaro, ahora que su emoción ha roto los diques e irrumpe en una marea de estrambóticas palabras magiares. No he podido entender más que mi nombre, pero de estos gestos solemnes se deduciría que jura y augura.
Pobre tonto de Kraus. Si supiese que no es verdad, que no he soñado nada de él, que para mí tampoco él es nada, sino durante un instante, nada como todo es nada aquí abajo, salvo el hambre dentro, y el frío y la lluvia alrededor.
Cadáver Exquisito
Antonio Vazquez
La mujer de la esquina
Como todos los sábados después de cenar, salí al barrio del arenal a buscar una próstata que vaciara mis deseos sexuales. Cuando me aproximé al “Margarita Blue”, allí estaba ella, “la mujer de la esquina”, con su inconfundible melena Ros fucsia. Cuando la llamé por su nombre, estaba en el vacío, en la nada. Era debido a que estaba leyendo, como no, ( el resto de compañeras eran analfabetas) y ella les estaba leyendo las nuevas ordenanzas municipales para prostitutas.
Me dijo: Estoy harta de la vida, cada vez nos suben más los impuestos.
Las demás le dijeron que se fuera a divertirse y que no les echara cuenta a esa panda de políticos municipales, que solo pensaban en hacerles la vida imposible.
Así que se vino a casa, y cuando estábamos practicando sexo salvaje, ella acabó en otra dimensión. Fuera del alcance de ordenanzas municipales y transportada a otro mundo de placer.
Versión poética
La mujer de la esquina,
Miraba al mundo con inquina,
y aunque estaba en el vacío, en la nada,
se comportaba con estilo.
Leía, como no,
meditando sobre lo mundano.
Estoy harta de la vida,
estoy harta de la muerte.
Oyó voces que decían:
Vete a divertirte y no le eches cuenta,
que la vida, otra cosa merecía.
Proyecto una evasión
y acabó en otra dimensión.
Antonio Vazquez
La mujer de la esquina
Como todos los sábados después de cenar, salí al barrio del arenal a buscar una próstata que vaciara mis deseos sexuales. Cuando me aproximé al “Margarita Blue”, allí estaba ella, “la mujer de la esquina”, con su inconfundible melena Ros fucsia. Cuando la llamé por su nombre, estaba en el vacío, en la nada. Era debido a que estaba leyendo, como no, ( el resto de compañeras eran analfabetas) y ella les estaba leyendo las nuevas ordenanzas municipales para prostitutas.
Me dijo: Estoy harta de la vida, cada vez nos suben más los impuestos.
Las demás le dijeron que se fuera a divertirse y que no les echara cuenta a esa panda de políticos municipales, que solo pensaban en hacerles la vida imposible.
Así que se vino a casa, y cuando estábamos practicando sexo salvaje, ella acabó en otra dimensión. Fuera del alcance de ordenanzas municipales y transportada a otro mundo de placer.
Versión poética
La mujer de la esquina,
Miraba al mundo con inquina,
y aunque estaba en el vacío, en la nada,
se comportaba con estilo.
Leía, como no,
meditando sobre lo mundano.
Estoy harta de la vida,
estoy harta de la muerte.
Oyó voces que decían:
Vete a divertirte y no le eches cuenta,
que la vida, otra cosa merecía.
Proyecto una evasión
y acabó en otra dimensión.
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