15 junio 2026

Cadáver exquisito. Un pastor protestante. Rafael Serrano Allely

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely


¿Quién era? Un pastor protestante.

¿Dónde estaba? En la playa.

¿Qué hacía? Escribir una novela de aventuras.

¿Qué dijo? Mañana me voy a la playa.

¿Qué hicieron los demás? Jugar con la espuma de un extintor robado.

¿Cómo acabó? Cantando flamenco en la Peña “Al Alma

 

Un pastor protestante estaba en la playa de la Caleta de Cádiz. Todas las tardes recorría la pequeña playa a la que acudían las señoras mayores vecina del Barrio de la Viña. Jugaban al bingo playero mientras el pastor protestante las observaba y sonreía. Las bingueras consiguieron al fin que el pastor protestante también se sumara al Bingo.

Pero lo suyo era escribir, escribir una novela de aventuras que estaría situada principalmente en La Caleta cuando los fenicios llegaron a Cádiz hace tres mil años.

Después de sus obligaciones como pastor, su ayudante le preguntaba: ¿y mañana qué?  Y el pastor invariablemente contestaba: Mañana me voy a la playa. Era donde se encontraba a gusto y donde se transportaba fácilmente al mundo fenicio, centro de su libro de aventuras.

Un día, como era su costumbre, se acercó a la cantina de la playa a tomar un café y vio jugar con la espuma de un extintor robado a un grupo de chicos a los que se sumaron las bigueras y el pastor protestante.

El despiporre era total.

El pastor acabó cantando flamenco en la Peña Al Ama.


28 mayo 2026

Comentarios. Intemperie. Jesús Carrasco.

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.

Me ha parecido una narración muy particular, entre otras cosas, por la casi ausencia de diálogo. No obstante la comunicación entre el viejo cabrero y el chico se produce de manera profunda, en términos muy estrictos, aunque en ocasiones sólo esté sugerido. También por la ausencia de nombre de los protagonistas, así como la no ubicación ni en el tiempo ni el espacio. La presencia de términos agrícolas que obligaría a tener al lado un diccionario. Aunque no sería imprescindible.

Narración dura, minuciosa, detallista, muy bien trabada. No me extraña que haya sugerido la filmación de una película, como así ha sido.

Hay tensión suficiente como para continuar la lectura debido a la presencia de un fuerte antagonista: el alguacil, que representa el abuso de poder que ejercita sobre el chico que tiene que huir de su pueblo ante la no protección e indiferencia de su padre.

Bien descritos los personajes principales:

El viejo cabrero, que destaca por su humanidad.

El chico, que huye del alguacil para sobrevivir aunque el miedo siempre le acompañe.”La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de de la muerte...”

El tullido, que se aprovecha de las circunstancias en su beneficio. Opuesto al sentir del cabrero.

Igualmente bien descritas las relaciones con los animales, la repercusión de la sequía, el hambre que llegan a sentir, la pura supervivencia, el miedo.

De los habitantes que se quedaron en el pueblo “Se sometieron a las nuevas reglas de la tierra seca” La familia del chico fue una de las que se quedó.

A mitad de la novela hay un párrafo donde, sin entrar en detalles, se señala el motivo de la huida del chico: “Muchas fueron las veces que el alguacil le sometió a su presencia (se refiere a su Doberman) cuando se resistía a sus deseos”

Al final de la narración puedo deducir un final esperanzador: … reemprendieron la marcha… La estrella Polar servía como guía. … siempre encontraban un sendero que les volvía a dirigir hacía su destino” Y la lluvia.

Por ultimo reseñar el dilema humano que se plantea ante el abandono o no del tullido, cuando fue coceado por el burro y cuya salvación podría suponer la muerte del chico.





04 mayo 2026

Comentarios. Relato: La mujer del guardabarrera. Manuel Ortiz

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.

La trama del relato está centrada en una época muy concreta y unos personajes muy escogidos para la narración que se pretende.

La época es 1932. Hace referencia a la quema de la Iglesia de San Julián en Sevilla. En tiempos de la segunda República.

Personajes.

 El padre marqués y abogado. Hijo de militar y padre del Alférez. Dispuesto a apoyar la sublevación militar contra la República.

El hijo Alférez. Se dice apolítico y cree que cualquier desorden sería controlado por las fuerzas del orden y el ejército y detenido los malhechores.

Aunque ya es Alférez tiene una relación de sumisión con su padre. Le sigue indicando lo que tiene que hacer, lo que tiene que leer y como tiene que empezar a relacionarse con las mujeres.

En cuanto a la relación con las mujeres el marqués le hace ver que el distinguía entre su esposa y cualquier otra mujer con la que tuviera relaciones. Hablando de la “otra” decía: “… ella sabía cuál era su sitio y yo  también sabía cuál era el mío…”

Y efectivamente lo pone en contacto con la mujer del guardabarrera indicándole que debe llevar una carta a la casa del guardabarrera.

Muy bien narrada la parte más dinámica e interesante del relato: su iniciación en las relaciones amorosas con la mujer del guarda barrera y como, a instancia de su padre, va a dar el pésame al guardabarrera ante la muerte de su mujer.

 


Comentarios. Relato: Pasión. Alice Munro

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.

Empieza el relato narrando la expedición de la protagonista, GRACE, ya muy mayor, a casa de los Travers, en donde había tenido experiencias contradictorias con algunos miembros de la familia hacía más de cuarenta años.

Narrador omnisciente (tercera persona) aunque profundiza más en la protagonista: su vida, sus experiencias, sus dudas.

El narrador se pregunta “¿Qué era lo que verdaderamente buscaba Grace cuando emprendió la expedición...?

“La conservación perfecta, el pasado intacto, cuando nada de eso podía decirse de ella. A la larga quizá sería menos hiriente encontrar algo tan venido a menos-todavía existente, pero sin importancia como parecía ahora la casa de los  Travers”

“Y qué  habría pasado si hubiera desaparecido del todo?... Pero quitarte de encima antiguos lastres o confusiones, ¿no te proporcionaría cierta sensación de alivio”

Destaco:

La relación de Grace, joven de 20 años, con la Sra. Travers. Llegaban a leer y discutir sobre lo que leían.

La relación previsible con el hijo de la Sra. Travers,  Maury, que cuando hablaba de su futuro matrimonio con Grace, lo hacía de la manera menos romántica posible.

La relación más particular  con su hermano Neil: su madre la Sra. Travers confiaba en que Grace se encargaría a alejarlo de la bebida. Grace llega a pensar  que tenía muchas cosas en común con él, a medida que sabía más de él.

La evolución emocional de la protagonista: la vida que le hubiera proporcionado su novio y la que le ofrecía su hermano que le genera profundas emociones y dudas en la que se bate hasta el final del  relato.

Estas dudas se trasladan al lector de forma muy conseguida.

Pero el tema central del relato está contenido en su título: Pasión. No se trata de un amor romántico, se trata de un amor impulsivo, casi físico, que pudiera ser incluso autodestructivo y que terminará dejando huella en la protagonista.

 


19 abril 2026

Comentarios. Mil soles espléndidos. Khaled Hosseini

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.


Relato lineal que no necesita más trama para atraer al lector que la narración descarnada de la vida de unos personajes que viven al límite de sus fuerzas en un contexto sumamente hostil

Si ya de por sí era dura para las mujeres en Afganistán, por su sometimiento y esclavitud, el contexto sociopolítico crea situaciones de verdadera tragedia.

A destacar en positivo:

. La fortaleza de dos mujeres, que con mejor o peor fortuna, son capaces de      superar situaciones límites.

. Momentos de verdadero lirismo a la hora de manejar los sentimientos: la amistad, el amor, las relaciones filiales.

Si fuera solo un libro de denuncia, ya tendría mérito. Las situaciones llegan a ser duras en algunos momentos, aunque el lenguaje llega a ser contenido y es el lector el que debe tomar partido ante lo expuesto

De Afganistán conocemos por los medios de comunicación, las guerras,, la invasión soviética, las guerrillas, el rearme de los “señores de la guerra” por EE UU, las guerras tribales, los talibanes…, pero a través de la  novela le ponemos rostro a los ciudadanos afganos que sufren dramáticas situaciones.

Me quedo con: “Porque una sociedad no tiene la menor posibilidad de éxito si sus mujeres  no reciben educación, Laíla. Ninguna posibilidad” Le dice el padre.

Dentro de la estructura lineal de la novela es interesante destacar como en la primera parte se detalla la vida de una de las protagonista: Miriam y en la segunda parte de la otra protagonista: Laíla. Son dos personajes que no comparten ni sus vidas ni sus expectativas. En la tercera parte ambos personajes, después de un tiempo de rechazo, al tener que convivir y compartir el mismo esposo y los mismos miedos, desarrollan una amistad y complicidad que constituyen el mensaje más positivo y esperanzador del libro, dentro de las enormes dificultades. La cuarta parte está dedicada, una vez muerta e inmolada Mariam, a la vida de Laila con su marido Tariq y sus hijos. Aunque las dificultades continuarán. Y continúan. Por eso, aunque el libro me ha gustado, el cierre del relato me parece excesivamente idealizado.


26 marzo 2026

Comentarios. Relato. Vecinos. Raymond Carver

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.


Muy bien descrita la situación inicial, con palabras escuetas y precisas: pareja feliz, un poco relegada de su círculo, que no se sustrae a compararse con la pareja vecina, a la que confería una vida más llena y excitante.

¿Cómo interpretar lo de “una pareja feliz? ¿una pareja normal? Creo que es un fuerte contrapunto al desarrollo del relato. De la comparación de su vidas pasan a “vivir” la vida de los vecinos, por más atractiva y sugerente. Pero esto no es posible, hay una imposibilidad material que se simboliza en la llave de la puerta que, al quedar del lado de la vivienda de los vecinos, les impide abrir el piso. Creo que toman conciencia de que algo les está vedado: tendrán que vivir sus vidas. “Por el amor de Dios, no te preocupes”


Comentarios. Relato: El ruido del trueno. Ray Bradbury

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely 

Mis notas.

Un relato de ciencia ficción  que ocurre en 2055, en principio simple, tan simple como un viaje al pasado al que se va añadiendo dificultades que culminan en resultados que modifican sustancialmente el devenir de la Historia.

Es verdad que no se garantiza el éxito del viaje, a menos que se siga una serie de requisitos. Si estos requisitos no se cumplen el infractor de las normas tendrán que abonar una multa considerable y la pérdida de la exclusiva por parte de la empresa que gestiona el viaje.

Se describe el objetivo del viaje: matar un dinosaurio, algo que ocurrió hace sesenta millones de años aprovechando el hecho real de su muerte y, de alguna manera, sumándose al mismo.

Las condiciones para alcanzar el objetivo son cada vez más minuciosas y eso hace que la tensión, el miedo y el pánico se instalen en el relato desde el primer momento.

“Nuestra  teoría no es más que una hipótesis. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes en el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado”  “No queremos  cambiar el futuro. … Una máquina del tiempo es un asunto delicado… Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pájaro, un coleóptero, aún una flor, destruyendo así un eslabón importante en la evolución de las especies.”

Hay cambios sustanciales cuando regresan a su tiempo 2.055. También en el campo político. El “efecto mariposa” se cumple, según el relato.

13 marzo 2026

Un cadáver exquisito. Un Santo. Rafael Serrano Allely

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Cadáver exquisito

 

¿QUIÉN ERA? Un Santo.

¿DÓNDE ESTABA? Debajo de la cama.

¡QUÉ HACÍA? Papas con choco.

¿QUÉ DIJO? Por esta puerta no se puede pasar.

¡QUÉ HICIERON LOS DEMÁS? Cantaron un cuplé

¿CÓMO ACABÓ? En misa de doce, con la peineta de la procesión rota.

 

 

El vecino era un Santo, un Santo todavía no reconocido por la Iglesia Católica pero si por los vecinos del bloque donde vivía que lo encumbraban constantemente.

De los santos se esperan beneficios y nuestro Santo era solicitado continuamente por los vecinos para resolver problemas menores y en algunas ocasiones problemas mayores.

Sus muebles los había repartido entre los vecinos según se iban casando algunos de los hijos de los mismos con peor fortuna.

Era carnaval y los vecinos ensayaban en la azotea las coplillas propias de la época ya con los atuendos improvisados que cada uno iba a llevar en su recorrido por las calles del barrio.

Algunos de los improvisados carnavaleros detectaron un mal olor proveniente del último piso, justo del rellano donde estaba el piso donde vivía el Santo. Acudieron en masa a su piso y encontraron al Santo debajo de la cama haciendo papas con chocos.

Por  esta puerta no se puede pasar! les grito el Santo. Los vecinos como única reacción cantaron un cuplé  que hablaba de la vida y milagros del Santo.  A continuación lo vistieron lo más parecido a una dama de semana santa y lo pasearon por las calles del barrio mientras cantaban: Santo, Santo, Santo, tú eres un Santo; Santo, Santo, Santo, todos te aclamamos, Santo, Santo, Santo a los altares te llevamos…

Acabó en misa de doce, con la peineta de la procesión rota.



26 febrero 2026

Comentarios. La tristeza del Samurái. Víctor del Árbol.

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely


Creo que la novela La tristeza del Samurái es una gran novela negra, aunque su lectura presenta algunas dificultades como corresponde a un thriller psicológico muy intenso.

Para mí la primera dificultad fue el gran número de personajes y como relacionarlos. Mi primer propósito fue buscar esas relaciones como el que construye un puzle. Fundamentalmente iba buscando el contexto en el que se iban moviendo los personajes, sus relaciones sociales y psicológicas, sus dependencias, sus reacciones más viscerales, sus culpas… pero la novela es más que un puzle y en las reflexiones, descripciones y contextualizaciones se muestra el gran escritor que es Víctor del Árbol.

A lo anterior tengo que unir los saltos constantes a épocas anteriores y posteriores y a otros lugares así como las vinculaciones generacionales que se establecen (tres generaciones) referidos a los sentimientos de culpa, la corrupción y el odio.

Personajes corruptos que inducen a otros a tomar decisiones mediante complicadas sugerencias y contra sugerencias que en algunos creen tomar libremente.

Por poner un ejemplo es el caso de la abogada María cuando se hace cargo de la denuncia de la mujer de Ramoneda  contra Cesar Alcalá por haber provocado en su marido un coma traumático. Cesar Alcalá estaba convencido que Ramoneda había secuestrado a su hija Marta. Este caso  dio a la abogada gran notoriedad aunque no sabía entonces que había sido inducida a llevar el caso porque personajes notorios (Publio…) estaban interesados en controlar informaciones que poseía Cesar Alcalá y  que les perjudicaba notablemente. Esto lo supo con posterioridad después de complicadas averiguaciones. Ni siquiera sabía que César Alcalá era su medio hermano.

Cesar Alcalá: “hay cicatrices que nunca se curan”,  la señal queda en los destructores y en los destruidos.

La abogada María llega a entender que para que Marta tenga una vida no contaminada por el pasado, ella misma y otros personajes tendrán que sacrificarse. Para ello no dirá nunca el paradero de Cesar Alcalá y su hija Marta, ni instará a Cesar Alcalá a presentarse ante el Juez como le pide el inspector Marchán.

 


12 febrero 2026

Comentarios. Mejor la ausencia. Edurne Portela

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.

La narradora protagonista cuenta en primera persona su infancia y adolescencia.


El lenguaje es muy conciso, con frases cortas y expresiones desposeídas de cualquier tipo de victimismo. Es el lenguaje que correspondería a las edades señaladas. Y como es normal con una carga subjetiva importante, entre otras cosas por la edad en la que se empiezan narrar los hechos: cinco años.


Muy bien descritos los principales personajes: el padre que ejerce una violencia extrema y se desentiende de la familia y sus problemas; la madre que calla y sufre y los hermanos que buscan separarse del ambiente familiar: uno yéndose a estudiar a Madrid y costeándose con su trabajo el estudio, Aníbal que busca en la droga lo que no encuentra en su hogar y termina muriendo, Kepa que se engancha en la Kale Borroca y termina en la cárcel y la narradora, Amaia, que se marcha a Madrid a estudiar periodismo y trabajando al mismo tiempo. Allí aprendí a vivir sola y a luchar contra mis miedos”


El ambiente en el que se inserta la familia contribuye a suya de por si violenta disfunción familiar. No es un ambiente cualquiera. Se sitúa en el País Vasco en los años ochenta y noventa donde se da la violencia terrorista, la kale barroca, la droga, la guerra sucia…


Vuelve a su tierra a los 35 años habiendo roto con su marido y habiendo sid0 despedida del periódico donde trabajaba.


Así como la protagonista empieza hablando en primera persona, en la segunda parte se utiliza la tercera persona y el presente y aporta más información sobre algunos aspectos muy importantes de miembros de su familia, fundamentalmente de su padre y su madre que en su momento se le escapaban. Igualmente de sus hermanos, de ella misma: es capaz de hablar sobre lo ocurrido en el seno de su familia y entender lo ocurrido con mas profundidad.


Nunca entenderé el pacto entre ellos (sus padres), la necesidad de mi madre por mantener el vínculo, la presencia de mi padre en su vida a pesar del maltrato, el abandono, la ausencia”


Rebusco en mis recuerdos y emergen escenas que parecen falsas:… mi padre llamándola leona y acariciando su melena roja alborotada” “Fueron otros, si, seguro que no todo fue así”



No por empezar la novela por lo ocurrido al final de la narración, deja de mantener un interés permanente.


Me ha gustado la novela no sólo en su contenido, también en su estructura. Al principio me pareció excesivamente entrecortadas las frases. Pero son recuerdos que corresponden a edades muy tempranas y muy alejados en el tiempo.





15 enero 2026

Comentarios. El peatón. Ray Bradbury

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely

Mis notas.


El relato resume como la sociedad puede llegar a un futuro indeseable ( distopía ). El futuro se concreta en un año: 2.052.


Se escribe en el año 1951 y el elemento fundamental de la deshumanización y el aislamiento social que utiliza el escritor gira fundamentalmente en torno a la televisión y su poder de absorción.


Hoy día el nivel de dependencia de los humanos de los medios técnicos (ordenadores, inteligencia artificial, instagram, etc) es cada vez mayor, lo que validaría la hipótesis del escritor


Este relato es antecedente de Fahrenheit 451 del mismo autor donde de manera exaustivo plantea el camino de la sociedad a un futuro indeseable; donde los individuos son controlados, deshumanizados, aislados y altamente dependientes de los medios técnicos, donde además se incluye la destrucción de los libros y la censura que impediría pensar de manera autónoma y crítica.


El relato, narrado en tercera persona, está muy bien construido, conciso y sólo centrado, no en las nuevas tecnologías, sino en las consecuencias de las mismas en la deshumanización y el deterioro de las relaciones sociales.


11 diciembre 2025

Comentarios. Cicatriz. Sara Mesa

Club Caliope

Mis notas. Rafael Serrano Allely


Mis notas. Rafael Serrano Allely




En la novela se plantea una relación de dependencia entre los dos personajes principales. Por una parte una joven insegura y solitaria y por otra parte un hombre maduro, autodidacta con grandes conocimientos literarios, aunque también sociales y psicológicos. Conocimientos que resultan muy particulares por estar muy al servicio de su ideología.


Esta relación no se produce directamente. El sometimiento que genera en la protagonista ocurre a través de los mensajes que se intercambian a través de las redes sociales y con los regalos, fundamentalmente libros que, fruto de robos muy meditados, le proporciona a

Sonía como parte de su plan de someterla.


Destaco la tensión narrativa que se mantiene hasta el final de la novela y el lenguaje conciso utilizado, siempre referido a profundizar psiquicamente en las exigencias de Kund que llegan a ser asfixiantes para Sonia y de las que le es muy difícil escapar

Muy bien trazado como las exigencias que genera el sometimiento van gradualmente aumentando hasta llegar a utiliza un lenguaje altamente impositivos, que empieza a moderarse cuando Sonia le comunica en más de una ocasión que deberían terminar con la relación.


Esta relación deja en Sonia una cicatriz: es la culpa.


Muy bien recogida en la cita que la escritora recoge al principio de la novela: “El coche es extremadamente veloz, y las cicatrices se generan con la culpa y la culpa es una forma, más bien insípida, de enfrentarse al mundo. MARTA SANZ Amor fou.”


27 noviembre 2025

Cadáver exquisito. Donald Traunp Rafael Serrano Allely

Club Caliope

Autor:  Rafael Serrano Allely

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Cadáver exquisito


Rafael Serrano Allely


¿Quién era? Donald Trunp

¿Dónde estaba? En un concierto de Maluma.

¿Qué hacía? Pelar cebollas llorando desesperadamente.

¿Qué dijo? De perdido al río.

¿Qué dijeron o hicieron los demás. Se marcharon a la Feria

¿Cómo acabó? Rompiendo a llorar en mitad de la Estepa.


Donald Traump


Donald Traunp reunió a sus ministros más incondicionales y les comunicó lo que había decidido: a partir de ahora no acudiría a actos públicos. En su lugar lo haría un doble. De ninguna manera se podía poner en peligro la vida del legítimo Presidente de los EEUU, como ya ocurrió cuando el atentado que sufrió en la campaña de elecciones que estuvo a punto de arrancarle una oreja. Para ese menester seguro que había ciudadanos dispuestos a inmolarse por el bien del Estado. Nadie dijo nada como era habitual. Solo el mas leal de los presentes propuso que en vez de un doble se buscara un triple. Todos se ofrecieron para formar la comisión que encontrara al doble idóneo.


Se trataba no solamente de preservar la vida del presidente sino que éste se pudiera dedicar , disfrazado convenientemente, a bajar a niveles de convivencia más cercano al ciudadano lo que supondría un enriquecimiento social y personal.


La comisión se encontró con un problema a la hora de elegir al doble: en EEUU había miles de personas que se parecían a Tump y no solamente en el físico.


Inmediatamente le prepararon actos que le pusieran en contacto con la gente. El primer acto fue la asistencia a un concierto de Maluma que por primera vez acudía a EEUU.


Este primer contacto con los ciudadanos le desató unas emociones que no había sido capaz de expresar en tantos años y le llevó a pensar que era como pelar cebollas llorando desesperadamente.


Su vicepresidente le dijo que no se trataba de llorar a lo que el contestó que de perdido al rio.


Reunidos los consejeros decidieron que lo mejor sería llevarlo a una feria industrial en un ambiente más tranquilo: había que alternar los ambientes


El vicepresidente comunico al piloto de origen español el nuevo destino y marcharon a la Feria de Sevilla por voluntad del piloto.


No hubo reacción contraria cuando con la boca abierta recorrieron la Feria : casetas, bailes de sevillanas, mujeres en traje de gitanas, jinetes a caballo, carros de caballos de diferentes tipos, calle del infierno, circo, tómbolas, casetas de niños perdidos, tienda de turrones… y todo el mundo disfrutando.


Y dijo Traunp que podemos hacer para que en EEUU la gente disfrute tanto como lo hace aquí. Esto había que pensarlo.


De nuevo cogieron el avío hacia un lugar mas tranquilo y acabó rompiendo a llorar en mitad de la Estepa. Era mucho lo que se habían perdido en esta vida después de estar en la Feria de Sevilla. No habían llegado un poquito tarde?


Comentarios. Microrrelato. El dinosaurio. A. Monterroso. ("Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allí")

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely



Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allí.


Solo sabemos del protagonista que durmió y despertó y, lo que fuera el dinosaurio, no había desaparecido. Cuando se despierta se despierta también a la realidad. El dinosaurio no es una realidad en la actualidad. Puede ser una representación de algo muy enorme. Puede simbolizar una preocupación, un conflicto o un problema enorme , por ejemplo. Y no dice solamente que el dinosaurio estaba allí al despertar. Se dice que aún estaba allí. Lo que presupone el esfuerzo que habría hecho con anterioridad para superar la enorme preocupación… Pero la preocupación... aún estaba allí.


17 noviembre 2025

13 noviembre 2025

Comentarios. Nada. Carmen Laforet

Club Caliope

Mis notas: Rafael Serrano Allely

Se trata de una narración basicamente lineal, donde la protagonista, Andrea, narra en primera persona lo ocurrido en el año que estuvo en Barcelona con el laudable objetivo de estudiar en la Universidad.

Los personajes están muy bien delimitados. Pertenecen básicamente a dos grupos sociales diferentes. EL de la familia de Andrea de clase burguesa que, tras la guerra civil, se había empobrecido y donde las tensiones familiares se habían disparado considerablemente. EL otro grupo social seguía manteniendo el nivel económico y la estabilidad familiar después de de la guerra civil. Andrea a través de sus contactos con la Universidad, tiene ocasión de vivir y conocer dos mundos con pocos puntos comunes.

Las tensiones familiares eran tan desesperantes que inciden muy negativamente en las expectativas positivas con la que llego a Barcelona a casa de sus familiares. Lo que compensa con amigos del entorno universitario que ofrecen una posibilidad de vivir y comparar otro mundo que de alguna manera le alivia y puede hacerle pensar en un futuro.

Interesante la relación que hay entre algunos miembros de las dos familias, en principio equivocas para Andrea, pero que al final del libro termina conociendo. Por ejemplo entre la madre de la amiga de Andrea y su tío.

Me ha parecido muy interesante la profundidad psicológica de la narración.

La palabra “nada” se utiliza de manera prolija a lo largo de la novela para indicar la desilusión, la tristeza, las consecuencias negativas de la guerra civil, la desesperanza...

Andrea rememora un pasado que le lleva a considerar que de las vicisitudes que pasó en un entorno familiar adverso no entendió nada en su momento: “No una muchacha como era yo entonces”

Es por ello normal que haya un componente subjetivo y algún aprendizaje positivo después de una reflexión profunda.

Cito “Bajé las escaleras, despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con las que había subido la primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De casa de la calle de Aribau no me llevaba nada, al menos así creía yo entonces


30 octubre 2025

Comentarios. Relato. La noche boca arriba. Julio Cortázar

Club Caliope

Autor: Rafael Serrano Allely


Sabiendo que Julio Cortázar se mueve entre lo surreal y lo mágico, puedo pensar que el escritor no abandonará su forma de relatar, independientemente de la idea central que quiera transmitir.

Resulta extraño que un relato que empieza describiendo un accidente y sus consecuencias (hospitalización, etc.) que al parecer ocurre en los tiempos actuales, hable de aztecas, motecas, guerra florida, sacrificios etc.

La pregunta inducida en el lector es ¿ que está ocurriendo? Y si ya tienes alguna experiencia de lecturas de relatos de Cortázar: ¿Qué es lo real y que lo imaginario?

Esto te hace leer con mucho miramiento.

No obstante el narrador omnisciente  en la parte final va dando pistas de lo que pueda ser real y de lo que pueda ser al menos figurado o irreal.

Lo real es el miedo que siente el moteca ante su inminente sacrificio, miedo que se acrecienta y al que no puede sustraerse: “le había, arrancado el amuleto que era su verdadero corazón y el centro de su vida”

Lo irreal es lo que se narra al comienzo: el sueño de un moteca sobre un accidente de moto y sus consecuencias referido un futuro remoto que, como es lógico, no ha vivido

Deduzco que hay una idea central a transmitir: la pérdida de la idea de trascendencia cuando le arrancan el talismán. Pierde toda esperanza y se instala en él el miedo.

 

Otros relatos de Cortázar leídos en nuestro Club de Lectura.

Instrucciones para subir una escalera.

De la simetría interplanetaria.

El hijo de un vampiro.

Las manos que crecen.

Conducta en los velatorios.

Los limpiadores de estrellas.


15 octubre 2025

Relato: La noche boca arriba- Julio Cortázar

Club Caliope

Autor: Julio Cortázar

LA NOCHE BOCA ARRIBA

JULIO CORTÁZAR

 

Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;

le llamaban la guerra florida.

 

 

 

A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla.

En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y —porque para mismo, para ir pensando, no tenía nombre— montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo sobre la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.

Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla, y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba a una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en las piernas. «Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado.» Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole a beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.

La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada.

«Natural —dijo él—. Como que me la ligué encima...» Los dos se rieron, y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una


camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.

Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó una mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.

Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían.

Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se rebelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego.

«Huele a guerra», pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor de la guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada horrible del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.

—Se va a caer de la cama —dijo el enfermo de al lado—. No brinque tanto, amigazo.

Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo y le clavó una gruesa aguja con un tubo que subía hasta un frasco de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas


tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse.

Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trocito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no le iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.

Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. «La calzada —pensó—. Me salí de la calzada.» Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como el escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizás los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en los muchos prisioneros que ya habían hecho, pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.

Olió los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca.

El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces, los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás.

—Es la fiebre —dijo el de la cama de al lado—. A me pasaba igual cuando me operé del duodeno.

Tome agua y va a ver que duerme bien.

Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin ese acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto.


¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.

Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el suelo, en un piso de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno.

Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y tuvo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez de techo nacieran las estrellas y se alzara frente a él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida.

Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó, buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que


cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y se abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de humo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque otra vez estaba inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía la muerte, y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.

 

 

F I N


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