24 febrero 2018

Cadáver exquisito: El Judío y las botitas

Por J.Miguel Romero



Eran verdaderamente espectaculares, los visitantes, quedaban prendados de semejante obra de arte y no podían mas que aclamarla como una de las maravillas de la exposición de manualidades que cada año, por estas fechas, se venían celebrando anualmente, llegando a alcanzar un relevante éxito, tanto de autores, como de visitantes.

El autor, rebosante de felicidad, permanecía en un lugar desde el que contemplaba la exposición sin ser visto, no por nada en concreto, sino por timidez, no le gustaban los agasajos ni la ostentación. Era humilde y este era un gran día para él. Disfrutaba a su manera, sabiendo que el cariño y las horas de trabajo que puso en su empeño han llegado al corazón de los que contemplaban su obra.  

La exposición de este año podía calificarse de éxito. Había gente de todas las nacionalidades, incluso de un grupo rociero de Huelva que deleitaron a los asistentes con unas cuantas sevillanas rocieras, que a punto estuvieron de restar protagonismo al judío.

─Es un judío, circulaba el rumor por todos los rincones de la amplísima sala que acogía los numerosos trabajos, en los que tanta gente había puesto tantas ilusiones.

Ahora estaba «en Ucrania», procedente de una pequeña aldea, no muy lejos, al este de Tel-Aviv, saboreando el éxito de su gran obra: «Unas botitas preciosas» y, como no, ese son flamenco, que, con tanto arte, el grupo español había obsequiado a todos los presentes.

 Pero el tiempo es inflexible, llegó la hora de los reconocimientos, y el judío fue proclamado el gran vencedor del evento. A continuación, los brindis, las presentaciones y los selfis. El grupo rociero no fue menos, y allí se plantaron para conseguir una dedicatoria de este humilde artesano. Y de este modo, se juntaron el hambre y las ganas de comer. Que si somos de Huelva, que vaya trabajito, que vaya perfección… a lo que él correspondió con: ─También vosotros me habéis impresionado mucho con esos sones y ritmos tan pegadizos, que supongo una forma de expresión de vuestro pueblo. Antes de morir, me gustaría vivir y beber de esa cultura.

─Dicho y hecho! dicen en mi pueblo. Tú te vienes con nosotros y veras cumplido tu sueño.

No lo dudó ni un momento, aceptó encantado. Todos coincidieron con el consabido: ─Esto hay que celebrarlo─ 

Durante el viaje no pararon de contar las maravillas y costumbres de uno y otro país, quedando claro una cosa: que el jamón ibérico es único y que tenía que probarlo, por muy judío que fuera. A la llegad a Huelva, Isabel, la portavoz del grupo rociero, se le acercó un poco titubeante y dubitativa.

 ─Verás Ibrahim, tenemos que ir a cantar unos villancicos en una manifestación popular religiosa, y no hemos caído en que… a lo mejor tú no quieres venir con nosotros y esto nos apena y contraría mucho.

─ ¡Que tontería! No sientas pena por eso, estaré encantado de conocer vuestra cultura ya sea religiosa, social, o lo que sea… en realidad me gusta conocer a la gente que son los verdaderamente importantes y protagonistas de la historia del mundo: ¡Vamos!

Y así terminaron: «Viendo el Belén viviente de Beas», y, además, él escuchando a sus amigos rocieros cantando villancicos por sevillanas en total comunión con los personajes del Belén, estableciéndose una simbiosis entre todos que ponía los vellos de punta.

Ibrahim, sintió como las lágrimas estaban a punto de brotar, tal era la emoción ante semejante espectáculo. Emoción que se desbordó cuando Isabel y su grupo se acercaron a cantarle al Niño que consideran su Dios: ─Nunca había visto tal manifestación de fe y amor compartido por todo un pueblo.

Emocionado, se acercó a Isabel dándole las botitas tan admiradas en Ucrania para que se las ofreciera a ese niño que tanto representaba para el pueblo. 

Todos los presentes enmudecieron por el gesto, del que desde ese momento, consideraron Hijo predilecto de Beas.

─Lo celebraremos luego, «tomando mosto con costillas asadas» dijo el alcalde desde el balcón del Ayuntamiento

¿Quién era?:UN JUDIO
¿Dónde estaba?: EN UCRANIA
¿Qué dijo o hizo?: UNAS BOTITAS PRECIOSAS
¿Qué dijeron o hicieron los demás?: «ESTO HAY QUIE CELEBRARLO»
¿Como acabó?: Viendo el Belén viviente de Beas y luego tomando mosto con costillas asadas.

22 febrero 2018

Microrrelato: Vacío

Por Rafael Serrano Allely


Como casi todos los días,  recorrió todos los pasillos de la biblioteca mirando el lomo de todos y cada uno de los libros. Al pasar por el mostrador, la bibliotecaria le dijo: - Tome, este es el libro de su vida. Al llegar a su casa se acomodó en el sofá y fue pasando parsimoniosamente todas las paginas del libro... Las páginas estaban en blanco.

Comentarios: La niña del pelo raro. D. Foster Wallace

Por Rafael Serrano Alelly

 Mis Notas

Desde el primer momento me planteo cómo una persona como el protagonista se vincula a un grupo Pank y viceversa

Pero todo va quedando suficientemente explicitado a medida que el protagonista va contestando a las preguntas que Cheese le hace de manera directa: “¿Cómo trabó amistad con el grupo?” “¿Por qué está con ellos?” No era como ellos ni pobre ni nihilista”

“Cheese afirmó que toda mi camarilla punk se sentía como si no tuviera nada y nunca fuera a tenerlo y, por tanto, convertía la nada en todo. Sin embargo Cheese afirmó que yo era un Sck Pupy que ya lo tenía todo y, en consecuencia, quería averiguar por qué quería cambiar mi enorme todo por una enorme nada”

Ya al final del relato confiesa el protagonista como su padre le quemó el pene con un mechero de oro, al ser sorprendido por el mismo cuando intentaba mantener relaciones sexuales con su hermana.

Por ello cuenta que las drogas no le afectan a su estado de consciencia. Si le afectan los recuerdos como a otros las drogas. Creo que si le afectan de alguna manera, aunque si es verdad que estamos delante de una personalidad psicopática, sádica, que se rodea de personajes antisociales y nihilistas (muy bien tratados) que se complementan de manera muy interesada.

En la escena final se trasluce una ráfaga de cambio en alguien que parecía inmutable al cambio.

Un gran relato.

Microrrelato: Juventud

Por María Navarro

 
Desde su casa a la biblioteca atravesaba la ciudad en autobús, cuando regresaba con los libros escogidos, la ciudad y el autobús habían desaparecido.

Microrrelato: El libro

Por María Navarro

 
La biblioteca estuvo cerrada por obras. Sin que nadie lo supiera, bandadas de libros volaron en busca del mejor sitio. Por eso, cuando por fin me dejaron entrar, fui al último rincón para ver que se escondía allí.

21 febrero 2018

Microrrelato: La Biblioteca


Por J. Miguel Romero

Era una tarde fría, la más fría de un crudo invierno. Vi luz y la puerta abierta, no lo dudé, me senté en una de las mesas y abrí uno de esos libros. No sé el tiempo que transcurrió cuando escuché, al tiempo que una mano posaba en mi hombro, una voz dulce y pausada: ─ Es la hora de cierre, señor. Nunca una voz me sedujo tanto. Nunca una voz me produjo tal sensación de paz.

Comentario: La niña del pelo raro

Por Valeria       

David Foster Wallace escribió este relato a los 24/25 años. Realmente hay que tener mucho talento para escribir una cosa así cuando uno es tan joven. Porque este relato es terrible y humorístico, cruel y absurdo, frío y extraño, todo a la vez. Todo es un puro delirio, aunque logramos entrever a través de ese delirio una especie de lógica, esa lógica monstruosa que lleva al protagonista a ser como es. 
La historia empieza con uno de los arranques más raros que he leído: “Gimlet soñó que si anoche no iba a un concierto se convertiría en alguna clase de líquido, así que anoche mis amigos Mr. Wonderful, Big, Gimlet y yo fuimos a ver un concierto de piano de Keith Jarrett en el Irvine Concert Hall de Irvine”. Un buen arranque debe presentarnos el núcleo de la historia de una forma muy escueta. Y eso lo logra muy bien Foster Wallace. En cuatro líneas nos expone qué va a pasar. Nos habla de un grupo de seres de ficción que van a un concierto de un músico de verdad, Keith Jarrett. Y el arranque también nos sitúa en el mundo desquiciado en que va a trascurrir esta historia. ¿Quién puede soñar que se convertirá en un líquido si no va a un concierto? Pues bien, alguien que se llama Gimlet, es decir, Taladro; alguien, por lo demás, que no sabemos si es hombre o mujer y que se supone que es amigo o amiga del narrador (luego veremos qué clase de amistad se escondía bajo esta definición). Pero lo importante es que el lector sólo ha leído cuatro líneas y ya tiene una sensación nítida de la clase de mundo en el que se ha metido. Un mundo distorsionado, extraño, frío, remoto.

El narrador no para de detallarnos cosas intrascendentes acerca de su vida, hasta que descubrimos que es una especie de frígido mental y moral y sexual. Es una especie de busto de acero parlante, algo así como una estatua clásica animada y perfumada con colonia cara. No tiene ningún escrúpulo en definirse como racista y clasista. Odia a los seres inferiores que huelen mal. Alardea de su ropa cara y de su educación elitista y su salario obsceno en un bufete de abogados. Está obsesionado por las marcas y la publicidad, como tantos otros pijos. Y se siente superior a todo el mundo y disfruta humillando a los demás.

Pero vemos en seguida que algo no encaja. ¿Qué hace ese niñato pijo rodeado de punks que se llaman Taladro y sueñan que se van a licuar si no van a un concierto? ¿Y por qué va con otro punk que huele mal, Mr. Wonderful, y dice que es su amigo, si odia a los negros porque huelen mal? ¿Y por qué se pasa la vida asegurando que las drogas, en especial el LSD, no le afectan? Y sobre todo, ¿por qué necesita excitarse quemando las piernas de Gimlet con cerillas, y luego el pezón de Big con su mechero, y luego todo cuerpo humano se va encontrando? ¿Y por qué necesita que le hagan felaciones continuamente? ¿Qué diablos le pasa a ese tipo? ¿Quién demonios es?

Por lo demás, pronto empezamos a ver que la veracidad de lo que nos dice se tambalea. Fijémonos en unos cuantos desajustes entre lo que nos dice y lo que en verdad ocurre. El narrador repite con insistencia –con demasiada insistencia- que los punks son sus amigos y que va a todas partes con ellos, pero luego veremos que les conoce de hace unos meses y no son amigos, sino una mezcla de aprovechados ( él y ellos) y de colgados, y que si va con ellos es porque es un solitario y un inadaptado, igual que los punks). Y también se empeña en definir los buenos momentos de la vida, al igual que los instantes de gratificación sexual, como episodios de felicidad. Y es que hay dos palabras que se repiten continuamente en este relato: feliz y amigo. “Me hizo feliz”, “Era mi amigo”. Todo eso se repite una y otra vez. Eso es muy curioso, porque Sick Puppy repite tantas veces que es feliz, que en seguida empezamos a pensar que es justo lo contrario: un completo infeliz, y por eso mismo necesita engañarse haciéndose creer que no lo es.

 Por otra parte, hay algo infantil, incluso candoroso, en la forma de razonar del narrador, lo que demuestra que vive una especie de parálisis emocional y que su edad mental no es la de un adulto. “Aquella noche Gimlet y Tit me practicaron sendas felaciones, y también Boltpin. Gimlet y Tit me hicieron feliz pero Boltpin no; por lo tanto, no soy bisexual”. Esta estúpida forma de razonar, camuflada de racionalismo y de análisis frío, nos irá demostrando su inmadurez emocional y lo que se oculta en ella, su desequilibrio mental que roza la psicosis.

 El narrador narcisista y egocéntrico que se hace llamar Sick Puppy es un narrador capcioso, es decir, no fiable, porque nos engaña y nos hace creer lo que a él le interesa que creamos. Durante todo el relato pretende demostrarnos que le gusta dominar la situación que describe, igual que le gusta dominar a la pandilla de punks que siempre va con él. Pero, ojo, no todo es como el narrador nos dice que es. ¿Es tan feliz? En seguida vemos que no podemos estar seguros, y tampoco podemos creernos que las drogas que toma Sick Puppy no le afectan, como él dice y repite (cuando alguien insiste demasiado en algo, es que las cosas no son como él nos quiere hacer creer). Una y otra vez Sick Puppy define las drogas (LSD, sobre todo) como “sustancias controladas” que no alteran “su estado de conciencia normal”. Pero luego nos dice que ha conducido su nuevo Porsche con asientos tapizados de cuero MARCHA ATRÁS por una autopista y ha tenido que sobornar con mil dólares al policía que le puso una multa. Y aunque Sick Puppy pretenda hacernos creer que él es tan superior a los seres normales que las drogas no logran alterar su conciencia, eso no es verdad. Las drogas le afectan, quizá de otro modo, pero le afectan. Así que el lector deduce que Sick Puppy le está engañando.

En este relato los personajes no tienen nombre, sólo tienen apodo. Estos apodos suelen estar relacionados con objetos de ferretería, igual que la moda punk de los clavos y los objetos de cuero negro: Gimlet quiere decir Taladro y Boltpin significa Cerrojo de Seguridad. Otros apodos expresan un anhelo de superioridad o relevancia social (Big, Mr. Wonderful, Grande, Señor Maravilloso) que en realidad oculta la pobreza y la marginalidad en la que han vivido esos punks. Otros nombres que aparecen tienen una connotación sexual: Tit (Teta, es una chica, peluquera), y Grope (Magreo) es un punk amigo de Cheese (Queso).

Para que nos hagamos una idea de cómo suenan estos nombres en el relato original, Taladro vive con Grande y Señor Maravilloso y Cerrojo de Seguridad. Tiene una amiga peluquera, Teta, mientras que Magreo es amigo de Queso y todos son amigos de Cachorro Enfermo y Taladro es la novia de Cachorro Enfermo y por eso le deja que le queme las piernas.

En ningún momento se nos explica por qué el narrador se hace llamar Cachorro Enfermo, aunque tenemos una serie de indicios que pueden darnos una idea. El día que conoce a los punks, en una especie de ceremonia cruel de iniciación tribal, el narrador quema un cachorro que se encuentran en la casa. Por otra parte, el narrador vive en una especie de infancia prolongada, como si nunca hubiera dejado de ser un cachorro que no ha crecido. Y por último, y esto es lo más importante, el narrador está enfermo. Mentalmente enfermo. No sabemos si él se ha puesto el nombre o si se lo han puesto los punks, y me inclino a pensar que se lo han puesto los punks. Pero es muy curioso que el narrador se dé cuenta de su propia monstruosidad cuando el punk Queso le pregunta por qué le llaman Cachorro Enfermo. Esa pregunta hace que el narrador se enfurezca y sienta el deseo de quemar a Queso, pero también le despierta el recuerdo de las verdaderas razones por las que él ES en realidad un cachorro enfermo.

Y esto nos lleva al TRAUMA INFANTIL que oculta el personaje de Sick Puppy. Porque a los ochos años, a mano de su padre, sufrió la más violenta de las agresiones que vemos en todo el relato, su -recto e integro- padre, le quemó el pene al sorprenderlo intentando practicar el sexo con su hermana de diez años, - la niñita de papá-. Desde entonces, Sick Puppy ha desarrollado una psicopatía muy particular, como todas las psicopatías. Se ha quedado impotente y no puede practicar el sexo con penetración. Por lo tanto, sólo consiente las felaciones, que practica de una forma obsesiva, casi agónica, ya que gracias a la bestialidad de su padre, asocia el placer sexual con la necesidad de quemar a alguien. De hecho, durante el relato se pasa la vida quemando piernas y brazos.

     Por culpa de ese trauma de infancia, Sick Puppy ha desarrollado una extraña forma de medir la experiencia. Todo lo que le resulta satisfactorio a nivel instintivo, todo lo que sirve para garantizar su superioridad, lo mide con el concepto de “hacer feliz”. La felicidad, para él, es la unidad de medida de la satisfacción de sus instintos. Y más adelante, el punk Cheese, que es muy inteligente, le discutirá este concepto, cosa que en cierta forma perturbará al narrador y ocasionará su “regreso a la normalidad emotiva”, aunque no sabemos cuánto tiempo durará ese regreso o si será sólo un chispazo fugaz que en seguida volverá a ser sepultado por la psicosis.

      Sabemos que un relato debe contener una transformación del protagonista, por sutil o impalpable que sea. ¿Se cumple esta regla en este relato? Sí, de una forma muy sutil, pero se cumple. Ya lo decía antes. Hay un momento en que el narrador deja de ser el mismo que era al principio. Veremos cómo ocurre esta transformación.

     HAY DOS PERSONAJES IMPORTANTES que intervienen en esta transformación: GIMLET y CHEESE. Ya sabemos que la narración de Sick Puppy pretende trasmitir poderío, dominio de la situación, frialdad y seguridad. Pero poco a poco vamos viendo que no es todo como él aparenta. Dice que él no es nihilista ni es un personaje desvalido, pero en realidad es un nihilista y también un desvalido, aunque sea millonario y gane una fortuna trabajando de abogado para las empresas que tienen que atender las reclamaciones de sus clientes. No sabemos cuál es su nombre real. Y si se llama SICK PUPPY, ese apodo puede ser una alusión al cachorro que Big atrapó y empapó de gasolina la noche que conoció al grupo de punks, y que luego el narrador quemó para imponer su liderazgo en el grupo (ese hecho atroz proyecta una sombra inquietante sobre todo el relato y se extiende hasta el final abierto de la niña que huye en brazos de su padre). Pero en realidad, Sick Puppy es un hombre habitado por el VACÍO. Es pura fachada, dinero, apariencia, nada más. Si está con los punks, si se engaña a sí mismo y nos intenta engañar a nosotros diciendo que son sus amigos, es porque está más solo que la una. No tiene a nadie. Está solo, solo y enfermo. Y en su mente, aparte de traumas y obsesiones fálicas, sólo hay una enorme Nada que el intenta camuflar con un enorme Todo, como le dice muy bien el inteligente punk Queso, alias Cheese.

      Ya sabemos que hay un momento en este relato en el que Sick Puppy sufre un cambio de actitud que le revela la realidad que él se ha empeñado en mantener oculta. Y ese cambio se produce en dos fases. En la primera interviene Gimlet, Taladro.

GIMLET es un personaje fascinante. Su verdadero nombre es Sandy Imblum y es de Deming, Nuevo México (es el único personaje que tiene una identidad real al margen del mote adoptado dentro del grupo). Es la subordinada de Sick Puppy (una especie de amante del jefe de la tribu) y la que dirige la jerarquía paralela del grupo. Es fea y calva. Tiene una amiga peluquera, Tit. Su nombre, Taladro, nos plantea problemas para saber qué sexo tiene. Luego descubrimos que es una chica, pero al principio del relato se le podría confundir fácilmente con un chico.

Gimlet toma muchas drogas, y al principio creemos que sus delirios se deben al LSD, aunque luego descubrimos que Gimlet está tan traumatizada y enferma como Sick Puppy, lo que establece una simetría entre los dos personajes (recordad que DFW es un obseso de las simetrías y las figuras geométricas). Gimlet está obsesionada por los desechos radiactivos, pero sus visiones estrambóticas (o dalinianas, más bien) son tan extrañas que llegan mucho más lejos que el simple despendole. En realidad, el cerebro de Gimlet parece un cerebro diseñado por Dalí. Y todo el relato está repleto de los delirios psicotrópicos de una pobre chiquilla loca, -quizás violada por su padrastro, como intuiremos más tarde-, una perturbada que se empeña en practicarle felaciones a Sick Puppy porque éste la acepta y finge comprender sus locuras y sus sueños disparatados.

Uno de los mejores componentes del relato es la extraña relación afectiva que une a Gimlet con Sick Puppy. Porque en la relación de sumisión de Gimlet hay muchas motivaciones interrelacionadas de las que ni siquiera ella misma es consciente. Y si Gimlet necesita humillarse ante Sick Puppy, es porque siente una necesidad de protección, pero también necesita expresar su sexualidad trastornada, y someterse a su instinto masoquista de subordinación, y crear una dependencia emocional que le permita creer que vive un remedo de afecto humano, aunque sea a base de quemaduras y humillaciones vergonzosas. Y por todo esto, incluso llegamos a sentir algo de afecto por Gimlet, porque hace falta estar muy solo y muy mal de la cabeza para dejarse quemar por un trastornado. Y también hay que estar muy solo y muy mal de la cabeza para tener un sueño en el que uno teme licuarse si no va a un concierto de Keith Jarrett. Y no digamos ya lo que Gimlet piensa al final del relato, cuando cree ver serpientes y gusanos en el pelo de la niña, cosa que le hace sentir la necesidad de hacerse una peluca vaginal con el pelo raro de la niña, que según ella (representaba el poder mágico contra la inmolación que tienen los desechos químicos radiactivos y que si Gimlet podía cortar­lo y colocárselo en la vagina bajo el porche de la casa de su pa­drastro en Deming, Nuevo México, podrían quemarla una y otra vez sin sentir dolor ni ninguna molestia. Estaba llorando)- porque ese pelo la proteja para siempre de la radiactividad y del dolor de las quemaduras, aunque Gimlet cree que el pelo de la niña no sólo la protegerá de las quemaduras, sino que ¡le permitirá explotar en una especie de orgasmo flamígero haciendo el amor con el padre de Sick Puppy! En su razonamiento torturado y masoquista, el pelo de la niña la protege de SU PADRASTRO y del fuego al mismo tiempo, fuego que la incendia y al final la mata en una explosión. ¡Dios santo! ¡Pobre Gimlet!

     Pero hay otro aspecto en Gimlet que es esencial para entender este relato. Y es que Gimlet llora y se asustar de la frialdad en la mirada de Sick Puppy. Y ese hecho provoca por primera vez un cambio en la frialdad absoluta de Sick Puppy. Éste empieza a sentir un débil latido de empatía hacia Gimlet, cosa que se hará extensible un poco más tarde al ver que el otro punk, Cheese, también se asusta de él y se pone a llorar. Y esa muestra de emoción interior hace que la frialdad de Sick Puppy se agriete un poco y empiece a provocar un cambio de actitud. Ése es el secreto del relato, el hecho de que Sick Puppy, aunque sea durante unos segundos, deje de ser el monstruo que había sido desde que sufrió la terrible humillación que le infligió su padre.

 El personaje de CHEESE también es muy interesante. En realidad, funciona en el relato como el antagonista de Sick Puppy, ya que es el único que se atreve a plantear las cosas de un modo distinto a como quiere el narrador. Cheese no forma parte del grupo de “amigos”, sino que es un comprador de LSD que acaba yendo por casualidad al concierto con los demás punks y con Sick Puppy. Cheese es el punk más o menos civilizado –aunque tiene súbitos arranques de malhumor- que accede a cambiarse de sitio en la sala de conciertos, cuando una señora protesta por que no le dejan ver el escenario. Cheese es el único personaje que conversa con el narrador y se interesa por su vida y le hace preguntas, y ese interés y esas preguntas hacen que el interior pétreo y frío de Sick Puppy empiece a removerse, hasta que Sick Puppy empieza a sentir una cierta empatía hasta entonces desconocida. El momento crucial llega cuando Cheese le pregunta a Sick Puppy por qué quiere cambiar el ENORME TODO (aparente) que tiene por la ENORME NADA de los punks, sin darse cuenta de que todo lo que hay en la vida de Sick Puppy es una indestructible y enorme NADA. A partir de ese momento se produce el renacimiento de Sick Puppy, su trasformación. Y hay una nueva progresión en el desvelamiento de la verdad de Sick Puppy, de la que Cheese no es consciente, pero sí Sick Puppy, cuando Cheese se asusta de Sick Puppy y se pone a llorar, igual que había hecho antes Gimlet. ¿Y por qué llora? Según nos dice el narrador, “Cheese afirmó que no me entendía y que le daba miedo”. O sea, que llora por miedo. Y Sick Puppy, por primera vez en su vida, se deja conmover –o trastornar, o tocar, o inmutar- por ese llanto de otro ser humano.

 Pero hay algo más. Cheese llora porque cree que Sick Puppy es feliz, mientras que está claro que él, Queso, no lo es. Y ahí se produce el terremoto emocional que sacude a Sick Puppy. En medio de su maraña de razonamientos fríos y engañosos, algo ha cambiado. ¿Es feliz? ¿Es realmente feliz? Y de pronto Sick Puppy empieza a recordar los momentos en que NO ha sido feliz. Sus fracasos universitarios, sus fallos en los tests, y sobre todo, el recuerdo candente del día terrible en que su padre le quemó el pene.

      DFW es tan buen narrador que no hace que Sick Puppy cambie de repente y se convierta en socio benemérito de Cáritas Diocesana. Para nada. Sick Puppy sigue siendo el mismo, al tiempo que ya ha dejado de serlo. Todo ocurre a la vez: el cambio súbito y la memoria que permanece, la lucidez fugaz y el dolor permanente, la extraña empatía y la crueldad adoptada como forma de vida. Por un lado siente el deseo de quemar a Cheese, pero por otra sabemos que algo está cambiando en su interior. Y ahora llega el momento cumbre del relato: cuando Gimlet y Big persiguen al padre y a la niña del pelo raro, tenemos la impresión de que Sick Puppy va a actuar por primera vez en su vida adulta de una forma distinta a la acostumbrada. Está claro que sigue lleno de ira y de instintos incendiarios, pero también sabemos que hay algo nuevo que ha ocurrido. ¿Qué pasará con la niña del pelo raro? DFW no lo aclara, pero podemos intuirlo: Sick Puppy dejará que el padre muera, porque el padre representa a su propio padre, pero también dejará que la niña se salve del ataque demencial de los punks,-(la niña del pelo pareció despertarse en los brazos del hombre mayor y clavó una mirada fija e incesante en un servidor, que estaba sentado muy rígido en el banco de Cheese y retirando la mano de Cheese y sus antiestéticas uñas del puño de la manga de mi americana. Y a cámara lenta adopté una expresión TRANQUILIZADORA y RECONFORTANTE y FELIZ dirigida a la niña rubia y ME LEVANTÉ del banco mientras las manos de Gimlet empezaban a moverse todavía más despacio en el pelo, radiante de la niña)- porqué tomarse la molestia de levantarse del banco, los punks no necesitaban de él para arrancarle la cabellera de la niña, Sick Puppy se levanta para salvarla, porque esa niña simboliza su propia inocencia recuperada. Y eso es lo magistral del relato: el personaje que parecía inmutable ha cambiado. Foster Wallace no nos explica qué pasa en realidad en el desenlace del relato, simplemente abre la ventana y deja que nos asomemos a esa escena terrible que ha colocado al otro lado. El resto es producto de la imaginación de cada lector. 

Acróstico: Esperanza


 Por Antonio López                                        


Voy a ti como perdido nauta,
Alcanzo tu luz que alumbra el conocimiento,
Leo tus libros llenos de vidas y sueños,
Entro en tu alma hondo pozo de cultura,
Recorro tus caminos plagados de historias
Inagotable manantial de sabiduría,
Amiga fiel, luz del entendimiento, esperanza.

Microrrelato: Biblioteca

Por Antonio López

Crisol de cultura, ágora de sabiduría, en ti cabe un mundo de conocimientos, desde Cicerón a Delibes, de Ítaca a Macondo. Nueva Atarazana, vieja Alejandría, en cada libro, en cada pagina haces vivir historias cada día.

08 febrero 2018

Microrrelato: ¿Un hombre de suerte?

Por María Navarro


La arena desapareció y también el horizonte y cayó al otro lado del reloj de arena. Pensó que era un hombre con suerte. Ahora si iba a aprovechar el tiempo.

07 febrero 2018

Comentario: Paraíso inhabitado. Ana María Matute

Mis notas. Rafael Serrano Allely

La novela empieza con una frase muy orientadora: “Nací cuando mis padres ya no se querían”. (“De este modo tuve el temprano conocimiento de que había nacido tarde y en el momento menos oportuno para la familia”)

En las primeras páginas se describen los personajes y el marco donde se desenvuelve una niña entre 4-5 años y 12-13 años, de la alta burguesía, que ante la soledad se refugia en los libros de cuentos y en su fantasía: “…yo ya me había construido un mundo propio…”

Se entiende que los recuerdos son muy alejados en el tiempo y  por ello se mezclan de manera admirable recuerdos de alguna manera recreados y la reflexión desde una perspectiva adulta sobre el mundo infantil, no exenta de crítica social.

Aunque no se planteen grandes desenlaces, engancha su lenguaje poético, intimista y bien estructurado. Muy bien manejado el mundo de los sentimientos.

Para mí el tema más importante, entre otros, es la soledad y la distinción entre soledad mala (“la ausencia de calor, de alguna caricia…”) y la buena (“… la ausencia de intromisiones, exigencias y preguntas que estaban más allá de mi capacidad de comprensión…”) según el punto de vista de Adri.

Muy interesantes son los personajes del servicio que le dan una medida de la realidad que no le da la familia. También su tía Eduarda con quien simpatiza y se identifica.

La soledad en compañía: “Miré a papá y por primera vez en mi vida, intuí algo que después, con los años, he reconocido como la solead en compañía” C.6

                                               …………………….

“Los pobres. Algo así como una tribu asentada al otro lado de las murallas, vagamente amenazadora, a la que había que aplacar de Navidad en Navidad…” C. 5

“Rápidamente comprendí que para Isabel Ellos eran como los Gigantes para mí”

Guerra civil: “…Muchos años más tarde,  murieron los dos, cada uno en una trinchera enfrentada…” Repercusión. Cambio de nombre del Colegio: Sección Femenina…

“Aunque Gravi volviera ya nada sería lo mismo”

“Fue a partir de entonces, cuando fui MALA. Para todos, no para Tata María, Isabel, Jerónimo y Fabián, sólo un poco rara”

“Me habían dicho que tenía que pedir por todo el mundo, pero nadie me decía qué es lo que tenía que pedir por todo el mundo…”

“…una cartulina deseándote que te pongas buena, con la firma de todos…” “…cuando vi la firma de Margot, sentí, por primera vez en mi vida, odio…”

“Creí que volvería”  
 
Eduarda: “Los unicornios nunca vuelven”

06 febrero 2018

Comentario: Paraiso Inhabitado. Ana Mª Matute

Por Emilio Márquez Araujo


Biografía: Nació, y murió con 89 años en Barcelona (1925-2014), si bien, vivió en muchos sitios.
 Tuvo una infancia marcada por su delicada salud.
  
Su bibliografía es muy extensa y ha recibido múltiples premios, estando nominada al Nobel en cuatro ocasiones.

Ha sido un testigo mágico de la literatura en España.

 Su obra está muy ligada al mundo infantil. Sin embargo, los cuentos no era su fuerte y una vez dijo: “Un buen cuento debe ser breve, redondo y jugoso como una naranja. Es muy difícil escribir un cuento, un buen cuento.”

“Escribir es mi vocación”. “Escribir es mi forma de estar en el mundo. Mi vida es la literatura”.

A los diecisiete años escribió su primera novela, Pequeño teatro, se publicó años después.
─ 1949 quedó semifinalista del Premio Nadal con su novela Luciérnagas que fue censurada y no se publicó.

─ 1952 premio Café Gijón por Fiesta al Noroeste.

─ 1954 premio Planeta por Pequeño Teatro

─ 1958 premio de la Crítica y el Nacional de Literatura por Los Hijos muertos.
─ 1959 premio Nadal por Primera memoria.
─ 1996 fue nombrada académica de la Real Academia Española de la Lengua, ocupando el sillón K. Y escribió su obra preferida Olvidado Rey Gudú.

─ 2008 se publica “Paraíso Inhabitado”, tras un parón de 8 años. (Dice la autora: “No es una obra autobiográfica, pero sí que hay afinidades entre la niña que fui y la protagonista del libro”)

 ─ 2010 fue galardonada con el Premio Cervantes, el más prestigioso de las letras españolas. En la presentación, dijo: “Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que transmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado.”

─ 2014 póstumamente se editó el libro “Demonios familiares”.

Mi Sinopsis

Novela que recomiendo para todas las edades. Me enganchó su literatura en las primeras páginas y así, hasta el final.

Novela melodramática que es lineal en el tiempo, sencilla y muy fácil de leer. Personajes individuales que se unen para hilar un relato estupendo de realidades humanas muy diversas.

Refleja la sociedad y la familia de la época, de forma pormenorizada e imaginativa, tal es, que parece que se está presente.

Ana María Matute hace gala de tópicos con un estilo único, en la que se unen los recuerdos, los momentos poéticos y la fantasía sin límite. Muy logradas descripciones, que nos llevan a percibir lo que se está leyendo. Narrada en primera persona por la protagonista adulta, desde un momento indeterminado, quizás en la senectud.

Parece que mezcla historia real, cercana a la República y a la dictadura de la década de 1930-1940 que se cierne a su alrededor, quizás, algo de biografía propia, adobada con ficción de forma muy creíble, crítica y emotiva.

Es una novela que expone eminentemente el mundo infantil. Relato amargo y conmovedor, con una niña que se crea su propio paraíso, ante las apariencias y egoísmos de los adultos (Gigantes) en un mundo engañoso y artificial. Esta niña entra en el Paraíso Inhabitado cuando pasa a residir en la zona noble por dejar de ser niña. El Unicornio juega un rol en su fantasía que se rompe cuando le dicen que el Unicornio nunca vuelve.

Se entretejen emociones muy fuertes de Soledad, abandono, inocencia, desprecio, egoísmo, egolatría, soberbia, hipocresía, desamor, miedo y más.

La protagonista, Adri, como la propia autora, tiene una madre un tanto tirana. Con tartamudeo infantil, todo su afán era esconderse y pasaba las horas haciendo de espía y leyendo todo lo que caía en sus manos, eminentemente cuentos, que le llevaban a ser feliz con el montaje de sus fantasías. Adri está “cuasi” sola, y no es ni comprendida ni querida por los familiares de su entorno, salvo excepciones (Eduarda y su padre) y va desde, muy niña, hasta la llegada a la pubertad donde se da una historia de Amor con Gavi, preciosa, mientras duró.

La desazón que tiene con la familia, se palía en gran manera, ante el comportamiento ejemplar de los sirvientes, que le hacen la vida más llevadera. Especialmente la Tata María e Isabel.

Hay pasajes con el padre, de un lirismo extraordinario.

Además de fantasías, que no fantásticas, hay magia en el ambiente.

Los momentos tristes son muchos y hay un poso alto de pesimismo y crítica, con tristeza a diestro y siniestro.

El final me ha dejado en suspenso, desorientado y con desazón. (Ni fueron felices, ni comieron perdices). Quería seguir la historia.

Frase de alto voltaje sensible: El último paseo con su padre antes de que éste abandone el hogar:

«Avanzábamos así, caminando despacito, mi mano dentro de su mano. Y entonces sentí un gran deseo de comunicar la paz o la felicidad… Pero sólo se me ocurrió apretarle la mano. Lo hice una sola vez, y casi al instante él me devolvió el apretón: y lo hizo dos veces. Con otro apretón de manos volví a decirle que le quería. Me respondió de la misma forma. Creo que nunca, ni antes ni después, he mantenido con nadie una conversación más íntima, más explícita. Ni tan bella»

02 febrero 2018

Cadáver exquisito

Por Manuel Ortiz.              


En Ucrania, una mañana de diciembre, graznaban los cuervos sobre los arboles de la plaza del ayuntamiento de Lemberg. Niños en trineo se deslizaban barranco abajo, los gritos que lanzaban sobresaltaban a las mujeres que parloteaban protegidas del frío en los sanjuanes de las casas.  En el centro de la palestra, unas niñas pequeñas construían muy rudimentariamente, lo que parecía ser un muñeco de nieve. La mañana era movida y brillante, un día de fiesta nacional o de jubileo.
 
Cuando Simon Wolowich y su hijo con pantalones de pana, abrigos negros y cubriendo sus cabezas con el sombrero Shtihmel, marchaban a grandes pasos acompasados a través de jóvenes rubios sonrosados y chicas con piernas de jugadores de rugby, un joven golpeó el bastón del padre y a punto estuvo de derribarlo.
 
— ¿Es qué estas cucarachas no saben caminar? — Preguntó el joven a la chica que lo acompañaba.
 
—Nacieron demasiado cansados—contestó la chica con una leve sonrisa.
Simon se apoyó en su hijo, más para detener una posible discusión que una ayuda.
Después de llevar caminando una hora, las casas aparecían mas separadas entre sí, tenían los techos de cinc y las ventanas  muy estrechas, como si quisieran ocultar el interior de las viviendas. En los patios solo se veía algún tenderete para la colada o algún arbusto que ya empezaba a ralear.
 
De repente apareció ante ellos una gran cancela y sobre ésta un nombre grabado en forja “JANOSWKA”. Padre e hijo se acurrucaron frente a la reja, las manos fundidas en los bolsillos, rostros hirvientes y cejas empapadas.
 
— ¿Éste es el campo? — Preguntó el hijo.
 
—Sí, éste es el origen de mis pesadillas pero también el lugar donde conocí al prisionero 457, que me enseñó el oficio de zapatero y gracias a eso pude resistir hasta la liberación, sobre todo a las botitas preciosas que hacíamos para los oficiales de las SS.

El hijo asintió levemente.
 
—Cuando llegaron los rusos—continuó el padre—sólo quedábamos con vida la cuarta parte de los prisioneros que ingresamos en el. Y no solo habían exterminado personas, también acabaron con los pájaros, con las ratas, ni  siquiera dejaron un insecto con vida.
 
—Padre, te prometo que el día de mañana, yo haré con mi hijo, lo que tú has hecho hoy conmigo y él lo hará con su primogénito. Porque esto hay que celebrarlo, cómo el día que un hombre enseño a mi padre el oficio de zapatero y gracias a él, todos los Wolowich de ahora y de las generaciones futuras, le debemos  la vida.
 
Simon se agarró a la alambrada y regresó a los horribles barracones y volvió a transportar en sus manos, cuero, puntillas, tazas de achicoria y a escuchar llantos y gritos.
 
—Padre, nos tenemos que marchar ya—le susurró el hijo mientras le acariciaba la espalda.
La mortecina luz solar caía en su círculo herrumbroso sobre las paredes de ladrillos, de maderas rotas, de polvo, y de los recuerdos de las personas que allí vivieron y se habían perdido para siempre.
 
Era tarde cuando llegaron a Bear, ya estaban encendidas las bombillas en las calles. Caminaron  en silencio como si el tiempo no les perteneciera. Las personas que encontraron a su paso parecían contentas, hablaban de compras, de comidas familiares. En la plaza del pueblo estaban representado el Belén viviente. El hijo acompañó a su padre hasta la puerta de la casa.
 
— ¿Vas a entrar a saludar a tu madre?
—Ya es tarde padre, y mi mujer debe de estar preocupada.
—Claro, claro—respondió Simon.
 
Abrió la  puerta del vestíbulo y notó sobre su rostro el calor del hogar.
Sara, estaba planchando una camisa blanca. Simón alzó su mirada para contemplar la cara de su mujer. Su rostro detonaba ya la edad pero todavía seguía siendo hermosa, el mechón de pelo que le caía  sobre su mejilla la rejuvenecía.
 
— ¿Ha merecido la pena? — le preguntó de sopetón.
—Sí, ya puedo dormir—dijo el viejo mientras se sentaba en una silla.
 
 Los ojos de Simon brillaban intensamente, las lágrimas bajaban lentamente por sus  mejillas y el fuego las coloreaba de azul verde y rojo.
 
Sara se dio cuenta y acudió a su lado rápidamente, le rodeó la cabeza con sus brazos y apretó la mejilla contra su frente.
 
—Está bien—le susurro ella mientras sus lágrimas también acudían a sus ojos, como si quisieran unirse a las de su marido, como dos afluentes que se unen en el rio.
 
Sara sorbió las lágrimas y se secó la nariz con el dorso de mano. Durante unos minutos siguió con sus brazos en torno a la cabeza de Simon. Al cabo de un rato se secó la cara por última vez y se acercó a la cocina.
 
—Tengo una sorpresa para ti—dijo alegremente mientras traía en una mano una bandeja  y en la otra una jarra de vino.
 
Simon la miró con sus ojos borrosos y aún así le pareció la mujer más bella que ha existido sobre la tierra.
 
—Tu plato y tu bebida favorita, chuletas asadas y mosto.

01 febrero 2018

Microrrelato: sin título

Por Mamen González

Deseaba vivir intensamente.
Veía el horizonte de su vida con grandes esperanzas y proyectos por cumplir.
De un plumazo, la vida se le escapó como la arena de un reloj.
Y todo desapareció.


Microrrelato: Desconcierto

Por Rafael Serrano Allely

 
Estábamos reunidos. Después de varios intentos habíamos conseguido por fin el quórum mínimo necesario para elegir al presidente. El conserje entró en la sala y dijo: “Unos señores preguntan por el presidente” Yo pedí permiso para entrevistarme con ellos. Salí y no volví.
 

Microrrelato: Depresión

Por Manuel Ortiz.       


Su vida era sólo una parte, la más ridícula, miserable, de todo cuanto había pensado en esos momentos.

El resto, una enorme enmarañada de pensamientos, se los tragó.
                                                          

Microrrelato: Vanidad

Por Manuel Ortiz


Con gesto rápido, lanzó la toalla sobre la arena haciendo oscilar la sombrilla.
 —¡Rayos y centella!—Exclamó tres veces y se sentó, no sin antes, proyectar una ancha  mirada alrededor. Como si esperase el aplauso de la concurrencia.
           

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