26 diciembre 2021

Recursos /Descargas

Club Caliope

Notas:

  • Al pinchar el enlace se abrira un visor de archivos PDF. Puedes leer o bajar al PC
  • Si encontrais algún error o anomalía, por favor, avisadme.

23 diciembre 2021

Actividad: Técnica del iceberg

Club Caliope

Actividad de Taller  

Aplicar la técnica del iceberg (E. Hemingway) al relato presentado por Mamen:  


"Aquellos maravillosos años". 


Ernest Hemingway

  • Objetivo: Minimizar las palabras del relato original, respetando el fondo del tema
  • Regla: Los trabajos contendran un máximo de 400 palabras, incluido el títuto (3 palabras)
  • Nota: El original tiene 511 palabras
Si el trabjo lo escribimos en Word, seleccionando todo el relato nos dara las palabras utilizadas, barra inferior a la izaquierda

Exposición: El próximo día 12 de enero, 2022

16 diciembre 2021

"Breve historia de Clara Sanchez". J. Miguel

Club Caliope

Autor: J. Miguel

Cadáver exquisito

 La presentación de «Clara Sánchez» de su nuevo libro no fue precisamente un éxito y salió muy malparada por las acervadas e irónicas críticas que le llovían de todos lados, fue entonces cuando lanzo en un rabioso grito «¡aquí no hay quien viva!», al mismo tiempo que se salía de la sala como un 'toro del toril'.

Caminaba sin rumbo, con paso enérgico, rostro desencajado y labios apretados mientras rumiaba su ira contenida.

El paseo le tranquilizó un poco, lo suficiente para leer el luminoso de una Agencia de Viajes, asaltándole en ese instante una genial idea. Puso rumbo a su domicilio, llamó a su secretaria, le dio órdenes muy concretas y ¡voila!, en tan solo cinco días se encontraba «en un crucero en medio del Atlántico», no en vano, un premio Nadal da para mucho, pensó acordándose de toda aquella gente que tan mal rato le hicieron pasar.

Tras una placentera semana sin presiones sociales, sin TV, sin periodistas…, el viaje tocaba a su fin. 

Cuando desembarcó, en la estación, vio la noticia:  Julián un anciano experto cazador de nazis, asesinado en su residencia.

Mientras disfrutaba de su feliz crucero, Julián, el personaje que hizo posible la novela que le valió el Nadal ¡Asesinado! pensó, al mismo tiempo que otra genial idea se puso en marcha, fue instantánea, ¡la segunda parte!, quizás le valise otro premio

Sin perder un solo minuto comenzó su investigación particular, sabía muy bien donde encontrar información, y la obtuvo, vaya si la obtuvo: un pequeño grupo de refugiados nazis residentes en España y Portugal «fueron a ver a Julián al asilo» …, esto fue suficiente, una profunda depresión pareció invadirla, se negaba a continuar con la idea de la novela, estaba convencida que la siguiente, podría ser ella.

Sin despedirse de nadie se encerró en la finca que había comprado con su premio y se acordó de toda aquella gente que tan mal rato le hicieron pasar. Allí hacía vida retraída, casi ermitaña, cultivando y «Vendiendo los productos de su huerta en la feria agroecológica de Bormujos.


13 diciembre 2021

Relato (sin título). Paqui

Club Caliope

Autora: Paqui

 

Vivía feliz, lo tenía todo, todo lo que necesitaba.
Un perrito al que adora y ahora más que nunca. Su esposo, alguien importante en su vida al que ella necesita y ama incondicionalmente. Una bonita casa, no muy grande, pero funcional y acogedora, una vida sencilla y sin grandes pretensiones.
Pero lo que mas adoraba era su trabajo, allí era alguien, se sentía querida, respetada y era recíproco. Compañeras maravillosas y muy profesionales con las que le tocó vivir una pandemia a nivel mundial.  Fueron días muy duros y difíciles  de olvidar. Casi controlada la situación le llegó el momento de la jubilación, ahora que estaba en lo más alto de su conocimiento como  profesional.
Al principio todo era alegría, llamadas y quedadas, pero lo que más  temía  era la fiesta de despedida, ahí  era donde acababa todo o casi todo.
Cuántas veces se quejaba de los watsap  y de las llamadas cariñosamente, y ahora mira el móvil por si está apagado.
Y este es el éxito de la Soledad de una Soledad que desconocía.
Dedicó tanto tiempo a su trabajo que se olvidó de otras cosas, ella sabe que están por descubrir y lo hará, pero mientras tanto le puede esa SOLEDAD.

Relato "La soledad en un puño". Antonio Vázquez

Club Caliope

 

Nací una noche de verano, en una familia de atletas. Era noche estrellada, y el cielo era un mar negro, y desde la carpa del circo, se identificaban las constelaciones.
Mis padres eran la pareja protagonista de la actuación de acrobacia del Circo Peers, y su familia llevaban tres generaciones, siendo los acróbatas del Circo.
Yo me crié con el cariño de los trapecistas, payasos, domadores, vedettes, músicos y contorsionistas, y desde muy corta edad, el mundo del circo, se me inyectó como sustento vital en las venas de mi cuerpo. Pero algo en mi interior, ofrecía un rechazo a esta vida nómada, que te obligaba a deshacer la casa, cada mes, para volverla a construir en otra ciudad, con otras gentes, otras lenguas y otras culturas.
A pesar de este rechazo, desde los diez años, ya formaba parte del equipo de trapecistas del circo, y ensayaba con la pequeña orquesta musical del circo. Aunque mi verdadera ilusión, era hacer el grado de psicología, especializado en relaciones laborales internacionales. Mis padres no me apoyaron mucho, cuando yo les transmití mi intención de estudiar tanto el bachiller, como el grado a distancia, para poder desarrollar mis inquietudes, y deseos. Ellos no contribuyeron económicamente a mi formación, aunque gracias a la pequeña paga que tenía desde los inicios como trapecista en el circo, y a que no tenía ni vida social con tanto cambio de domicilio, ni gastos por vicios o hobbies, administré esas pagas y pude pagarme los estudios a distancia.
Al principio me resultó muy duro, compaginar los entrenamientos con el trapecio, el trabajo del día a día del circo, y los estudios y exámenes que hacía con la Escuela Internacional a distancia de Estocolmo. Pero con el paso de los años, mi cuerpo se fue adaptando, como siempre hizo en la vida, y puede completar mi grado en psicología, a la edad de veintiséis años.
El porque cursar el grado en la escuela de Estocolmo, no fue por mi familia, de descendencia italiana, sino porque Suecia era el país, donde más prestigio e importancia, se le daba a la psicología y al psicoanálisis.
Cuando llegó este día, y les comuniqué a mis padres, ya en sus últimos días como trapecistas y no siendo ya la pareja principal del circo, que abandonaba el circo, para dedicarme a ejercer la profesión que realmente deseaba, tanto ellos, como todos los miembros del circo, mostraron un gran pesar, pero entendieron mi decisión. Nos separamos una mañana de Abril, en Sevilla, cuando en el barrio del Infierno, ya libre de luces y música, solo se escuchaban grúas, operarios y coches, desmontando todas las atracciones, incluida el Circo Peers.
Después de quince días de descanso y reseteo vital, había enviado varias ofertas de empleo a distintas empresas de todo el mundo, y antes de abandonar Sevilla, tuve la suerte, de entrar a formar parte de una empresa con sede en Sevilla, de exportación de aceite y aceitunas de mesa.La Española.
El inicio de esta nueva etapa de mi vida, fue emocionante, y pude poner en práctica algunos conocimientos de la Escuela de Estocolmo, desconocidos en España, no sin reparos por parte del CEO y resto de la dirección de La Española, pero resultó todo un acierto, y pronto escalé en esta empresa, lo suficiente, como para permitirme además de alquilarme un piso, antes vivía en un apartamento, disfrutar de mi otro placer en la vida, que era tener una banda de rock.
La banda la formamos un compañero de la empresa, Juan el batería, su amigo de la infancia Pepe al bajo, Jaime de Carmona a la guitarra, Maite a los teclados y percusión y yo como vocalista. Aunque nunca me imaginé como vocalista, puesto que en el circo siempre tocaba distintos instrumentos, no se si por suerte, o porque el resto del grupo cantaba peor que yo, me erigí en el cantante del grupo, al que además con mis letras, le dábamos un aire reivindicativo sobre los derechos humanos.
Este grupo, que mantuvimos cinco años, en la más absoluta clandestinidad para el público de masas, y que solo tocábamos en pequeños antros, no muy frecuentados por la movida sevillana, en su quinto aniversario, coincidimos en la Sala Imperdible, tocando con un grupo irlandés, en los días complementarios de la Monkey Week, y parece que debieron escucharnos un público distinto al habitual, porque a la semana siguiente, nos llamaron de Radio 3, para una entrevista y una actuación grabada.
Después de ese momento, la música de nuestro grupo, Betis, se escuchaba en todas las cadenas de radio, y no solo en las de culto, sino en las comerciales.
Comenzamos a dar conciertos por la provincia de Sevilla, luego por Andalucía, luego España y en el transcurso de seis meses, ya dimos el salto internacional, con actuaciones por Europa, Australia, y América.
Como el éxito del grupo era tan gigantesco, tuve que abandonar el trabajo en la empresa de La Española, y establecimos nuestra sede en Madrid, por el tema logístico, y nos convertimos en uno de los grupos con más actuaciones en directo del momento.
Durante tres años, dimos conciertos por todo el mundo, generábamos dos álbumes por año, de los cuales, casi la totalidad de las letras eran mías, y además de los beneficios de las ventas de discos, y los conciertos, me generaban mucho por los derechos de autor que tenía registrados.
Las actuaciones de los conciertos, se volvieron algo totalmente desmadrado, y teníamos que alquilar hoteles al completo, para evitar el acoso de fans, periodistas y curiosos, antes y después de los conciertos.
Fue en esta época, cuando mis compañeros del grupo, comenzaron a distanciarse de mi, ya que ellos querían después de los conciertos, hacer fiestas y celebraciones, pero yo que lo daba todo en las actuaciones y además debía cuidarme la voz, comencé a declinar esas celebraciones y me iba solo a mi habitación.
Las primeras noches que pasaba solo, me servían de descanso, pero poco a poco, comenzaba a invadirme el cuerpo una sensación de desesperación y aislamiento, que me agradaba. Y comencé a cambiar hábitos, y lo que comenzó las noches de conciertos, se transformó en forma habitual de vivir. Cambié de piso, a uno más alejado del centro de Madrid donde vivía el resto del grupo, a una zona tranquila, sin ruido de tráfico ni ambulancias.
Ese cambio, afectó a mi forma de pensar, y se plasmó en las letras de las canciones que escribía, mucho más siniestras. Esto generó un conflicto en el grupo, y después de mucho meditarlo, decidimos disolver el grupo y seguir yo por separado. El resto quiso seguir con otro nombre, tocando nuevos temas, pero no tuvieron mucho éxito. Yo preferí recluirme solo en un monasterio cercano a El Escorial.
Allí estuve hasta los 40 años, edad a la que decidí volver a escribir canciones, aunque había decidido que ya nunca volvería a cantar.
Mi vida siguió ligada al mundo de la música, pero desde la distante soledad de mi piso, a las afueras de Madrid, donde componía letras de canciones, para artistas noveles, que encajaban con el estereotipo de cantante que me gustaba y que hacían el tipo de música de culto que yo adoraba.
Mucho de ellos, lograron el mismo éxito que yo con el grupo Betis, pero yo no aparecía nunca en las portadas de las noticas, ese era el trato, cuando firmábamos la cesión de las letras.

Relato (sin título). Manuel Ortiz

Club Caliope


Me llamo Rosa Cándida y trabajaba de correctora y traductora en una conocida editorial. Por ese tiempo admiraba al escritor Jacinto Lorca. Y en aquella admiración, muda y a distancia, bullía crepitantemente el amor. Y el deseo, su hijo político.
Muchas noches, en la caliente intimidad de mi cama,  interrumpía la lectura de su último libro, asombrada por la fuerza de una observación, del ingenio cruel de un análisis o la elegancia de una réplica, para quedar quieta y callada, pensando.
¡Qué hombre!  ¡Cuánta superioridad!
Qué segura debe de sentirse una mujer a su lado.
¡Ser suya! —pensaba — ¡Ser suya por amor! ¡Sentir su boca en mi boca! ¡Ver extraviarse sobre mí los ojos que han conducido su pluma a través de sus páginas! ¡Notarme acariciada por la mano que ha escrito esto que estoy leyendo! Hacer reposar sobre mis pechos la cabeza que ha imaginado todo esto ¡qué  me maravilla! ¡Oír que habla para mí sola!
Me excitaba y acababa recurriendo  a las verduras, que tenía siempre fuera del frigorífico, sin las cuales no conseguía dormirme (en un año consumí doce kilos de pepino y diez de zanahoria). Por las mañanas, coincidiendo con el momento de la ducha, me enfriaba y alejaba de mí los ensueños. ¡Ay! ¡Nunca será realidad nada de aquello que yo deseo…! Está casado y además lo desearán otras mujeres, me decía a mí misma. Así que, para consolarme, tenía empapeladas todas las paredes de mi casa con sus fotos. Una de ellas, en la que aparece vestido con un traje azul marino y con el codo apoyado sobre la balaustrada del paseo de la playa de la Concha, la tenía repetida cincuenta y cuatro veces. Esta admiración silenciosa, esta devoción reprimida que sentía por un hombre solo, al que yo encontraba superior al resto de los hombres, y con el que nunca había cruzado palabra, me hacía detestar a todos los escritores que tenía la obligación de tratar a diario.
Y en la editorial hablaba desdeñosamente a mis compañeros y miraba con verdadero desprecio a los autores, gente de poco más o menos, que escribían con arreglo a un patrón del tiempo en que el gran Calderón saltaba las tapias de los conventos. Gentes que, para provocar risas en sus lectores, recurrían a un personaje tartamudo o idiota, o a juegos de palabras que ya los iberos hubieran considerado como anticuados y sobados. Juguetes hechos a base de confundir a unos con otros, en los que el insulto y la grosería estaban elevados a la categoría de elemento cómico. Me asfixiaba en el marasmo de una existencia estúpida, sitiada por la vulgaridad y el comadreo de los despachos, las variedades cretinas, la fatigosa monotonía de leer y corregir textos delirantes y aguantar la insuficiencia mental de los jefes que me rodeaban.
Cuando por fin conocí a Jacinto Lorca, la admiración no hizo sino crecer.
Era en efecto el hombre que yo había imaginado,
en mis insomnios y desvelos.
El primer beso desbarató mis nervios y la tediosa partida de ajedrez que hasta entonces era mi vida, quedó súbitamente en tablas.
Ya no pensaba en otra cosa que entregarme a él. Y me había entregado la primera noche en que nos conocimos.
Fuimos una pareja que los noctámbulos que vuelven de fiesta se encuentran al tomar una esquina dentro de un coche aparcado junto a la acera con los cristales empañados.
Éramos una pareja que, desde la distancia, en una entrega de premios, o en la presentación de algún evento, se acarician con imaginación inagotable.
Él no escribía ni una línea. Y yo llegaba tarde todos los días a la oficina, y soltaba unos camelos, que hasta el director quedaba consternado.
Cuando salía de la editorial, Jacinto me aguardaba con el coche en marcha para recluirme en su nueva casa que había alquilado a las afueras. Me trataba como una posesión, haciéndome cambiar de vestido, con lo cual lograba que pareciese siempre una mujer distinta. A veces me vestía solamente con la chaqueta del pijama de él, o totalmente desnuda con un sombrero como única prenda. Era extenuante.
Y en la intimidad de los momentos de amor, cuando ambos veíamos ya acercarse los corceles piafantes del último estremecimiento, él me bautizaba con nombres extraños.
Flordelisada—Gloria —Oralina.
Y establecía cuando recuperaba la respiración insospechadas comparaciones.
—Tu lengua es mi comunión.
—Tus cabellos parecen hechos para cortar huevos cocidos. Etcétera.
Cierta noche en que la habitación estaba a oscuras, chispeaba, como un pequeño faro, la lumbrecita del cigarro de Jacinto, apoyé mi mejilla en el pecho desnudo de él y susurre.
—No quiero volver más.
Él no me preguntó a dónde. Lo suponía. Lo esperaba. Pero indagó la causa, que adivinaba asimismo.
—¿Por qué?
—¡Me repugna....! ¡Aquella gente! Tanta pequeñez, tanta vulgaridad...
—Pues no vuelvas.
—¿Y cómo haré para no volver? —pregunté sorprendida.
—Es fácil. ¿A qué hora tienes que ir mañana?
—A las nueve.
—Pues en vez de ir al trabajo a esa hora, te diriges a tu casa  recoges tus cosas y las trasladas aquí.
—Pero... En un solo viaje no puedo traerme todas mis cosas.
—Pues repites el viaje pasado mañana, el otro y el otro, hasta que traigas todas tus pertenencias.
—¿Y qué van a pensar en mi trabajo?
—Cuando reiteres estas faltas durante diez meses, todo el mundo comprenderá que te has retirado.
Yo me reí jubilosamente y echándome de pechos sobre él apreté sus labios con los míos.
El cigarrillo ardió sobre el cenicero.
Nosotros ardimos juntos.
 
Así fue como consagré a Jacinto mi belleza, mi cuerpo, mi alma y mi albedrío.
EPÍLOGO
Albedrío. Libertad de la voluntad humana para elegir lo bueno o lo malo de que depende el mérito o demérito del ser. También significa perchero.

Relato. "Aquelos maravillosos años". Mamen

Club Caliope


Los recuerdos de mi infancia se agolpan en mi mente. ¡¡¡Es curioso!!! Hace tiempo que sueño con ellos, que los tengo cada día más presentes. Aunque, claro está, esos días, ya no volverán.

Recuerdo, como si hubiese sido ayer, esa casita en mi pueblo, donde me topaba, cada vez que salía a la calle, con mis vecinos y amigos de siempre. 


Las tardes ¡¡¡ pero que tardes más divertidas!!! Donde estaba en la calle jugando con mis amigos, donde el tiempo se detenía, y lo único que estaba en mi mente era jugar y divertirme. Nunca me sentí sola.


Esos años que ya no volverán.


Rememoro continuamente, como mi abuela y yo nos íbamos a dar largos paseos por el campo, cercano a mi casa, como veíamos la puesta de sol, entre campos repletos de amapolas.

Esos años que ya no volverán.

Desde mi ático en pleno centro de la ciudad, añoro esos años felices vividos. Y muchas veces me pregunto.

¿Valió la pena tanto sacrificio? Tantos años de lucha.

Tanto no vivir, por alcanzar un status, que, a fin de cuenta, es solo eso.

Me voy a la cama, e intento dormir. ¡¡Ayyy!! Dios mío. Como echo de menos dormir del tirón 8 horas.

Me tomo un Valium. Desde mi ático, tengo unas vistas maravillosas de la ciudad.

No puedo dormir. Sigo con los recuerdos de mi niñez. De repente, suena el teléfono. Es él. No contesto. Para qué.

Intento dormir, pero no lo consigo. Me preparo una copa con algo fuerte, posiblemente, así conseguiré dormir unas horas. Mañana tengo una reunión muy importante, donde probablemente, haga un negocio muy lucrativo. Ganaré mucho dinero. Después de todo esa es mi misión y para lo que sirvo.

Sigo y sigo. No me lo quito de la cabeza. Sigo pensando y recordando tiempos pasados.

Esos años que ya no volverán.

Después de mucho dar vuelvas y vueltas en la cama, consigo dormir unas cuentas horas. El despertador me hizo volver a la realidad de un nuevo día.

Me ducho y me enfundo en un traje de chaqueta, acorde con la ocasión que me esperaba, y me pongo mis zapatos de tacón más sugerentes.

No podía ser para menos. Era mi gran día. Lo llevaba esperando desde hacía mucho tiempo.



Por supuesto, triunfé.  Conseguí mi objetivo, por lo que había estado luchando.


Mis colegas y yo nos fuimos a celebrarlo. Negocio redondo. Unas copas en el bar de moda de la ciudad. Mucha gente, mucho tumulto. Caras desconocidas para mí, felicitaciones de gente que ni siquiera conocía. Falsas adulaciones, todo falso.


Mi mente está en otra parte.


Esas meriendas para celebrar mi cumpleaños, con todos los niños de barrio. La tarta que me hacía mi madre. Nunca he comido otra tarta igual. Mis amigos, mis hermanos y primos jugando en la calle, después de la merienda.

Me viene a la mente, esos retazos del pasado continuamente.


Esos años que ya no volverán.


Vuelvo sola a mi casa. A ese ático con vistas maravillosas de la ciudad.

Mañana será otro día. 


Relato. "Correspondencia con linea 1, 2, 3,..."". Virginia

Club Caliope

Como dicen en las películas: basado en un hecho real

 

Línea 1. Ahora son voluntarios los que quieren ayudarme.Bajo los ojos y esbozo una mueca. Un pensamiento me visita: las motivaciones para dedicar parte de su tiempo a personas que se encuentran en la indigencia como yo son plausibles, pero… a estas alturas pesan nada e importan menos.

Línea 2. A continuación la policía. Ya no me piden que me identifique. Los miro con cara de estar poco presente. Me vuelven a sugerir que acuda al Centro de acogida. Quiero hablarles, pero lo que aspiro no es aire, sino una bocanada de tufo que me pega la lengua al paladar.
Línea 3. Unos niñatos se me acercan con risas e insultos. No creo que tengan voluntad de intimar, de hecho, vislumbro la crueldad en sus pupilas. Mis pulsaciones se disparan. Tras verlos marchar con la ráfaga de viento que anuncia la llegada del metro, mi ansiedad recupera sus parámetros normales.
Cierro mis ojos cansados y me acurruco en el suelo frío de la estación de metro y me abrazo. De manera inconsciente, me martiriza la idea de no existir realmente para nadie. Me echo tanto de menos que siento por mí una pena profunda y sorda.



    

Alguien se acerca sigilosamente, como si temiera sacarme de un supuesto sueño. Lo escucho que trastea en mis pocas pertenencias. No lo hace con movimientos violentos. Su respiración es relajada. Huele bien. Extrañamente estoy tranquila. Pero, ¿qué busca?


Me aparto un mechón de pelo blanco de la cara para observarlo con más detalle. Se centra en los recortes de prensa que me han acompañado estos últimos años. Es una situación que me violenta porque lo mío es el anonimato, nunca he querido testigos. Sin embargo, permito poner en manos de un desconocido toda mi verdad, tal vez porque lo está leyendo en voz alta y me gusta reencontrarme con mi pasado a través de su dulce voz. Me invade una especie de alivio que no recordaba haber sentido en años. Incluso siento un leve estiramiento de mis labios a modo de sonrisa. Súbitamente mi enfado con el mundo parece que se relaja.

Después de todo me fue bastante bien: las giras por toda América, poder interpretar las obras más sublimes del repertorio operístico, los aplausos y ovaciones…
Se ha parado. Ya no lee. Me está mirando. Creo ver en sus ojos una interrogante: ¿la soledad motivada por el éxito? Debe pensar que ya no soy, sólo estoy. Me sorprende su gesto  al pedirme permiso para hacerme una foto. Se lo concedo.
Luego me echo a llorar.

Relato-. "Conversando con Amalia". Salud García

Club Caliope

—Si nos hubiera tocado la lotería, ¿tú qué harías, Amalia? …Pues para que lo sepas, ¡nos ha tocado! No, no hables porque ya sé lo que vas a decir: que hagamos lo mismo que cuando vendimos la casa. ¿Recuerdas? Le dimos el dinero de la venta a los hijos para la entrada de sus pisos.
Francisco se asomó a la ventana. El cielo estaba encapotado y aunque a él no le gustaba los días nublados, pensó que el gris es considerado un color elegante. Tal pensamiento lo animó. Se puso el abrigo y la bufanda, y salió de la habitación después de darle un beso a su mujer.


​En la residencia avisó de que iba dar un paseo.
 
Al intentar acceder a la sucursal del banco, la puerta cerrada se lo impidió. Pulsó el interruptor y una mujer joven, cabellos veteados de rubio y blusa lila, con algunos botoncitos desabrochados, le preguntó:
—¿Tiene usted cita?
—¿Cita como para el médico?
—Pues algo parecido… ¿Qué desea?
      ​—Es que me ha tocado la lotería y quería sacar el dinero.
      ​—Vale, pase y veremos qué podemos hacer; pero deberá esperar a que atiendan a las personas citadas… Si le parece, deme el boleto premiado y le adelanto el trabajo al compañero de caja. Hay que comprobar si, verdaderamente, está premiado.
      ​—Yo no miento, señorita.
      ​—No lo dudo, caballero, pero son las normas.
      ​—Tome usted —dijo Francisco entregándole el décimo—… y cuidado, no lo vaya a perder por el camino. —La mujer sujetó con la mano el boleto a su pecho y dedicó una sonrisa a Francisco.
Ya en su mesa, al comprobar en el listado de números agraciados en el Sorteo de Navidad la cuantía del premio,llamó por el interfono al director.
Mientras, Francisco esperaba sin poder borrar de su cabeza la imagen del boleto pegado a la teta de la señorita. Él jamás se había fijado en otra mujer que no fuera su Amalia, pero el demonio es cruel y ni siquiera perdona la vejez a la hora de tentar al varón. El ello estaba cuando un señor con traje gris, camisa celeste y corbata azul estampada con ositos, se acercó a él. Con una amabilidad excesiva se presentó a Francisco como Ignacio Morán,director de la oficina, y lo invitó a que le acompañara a su despacho.
      ​—Usted perdone, pero yo no sabía eso de la cita…
—No se preocupe, hombre, siéntese y hablamos… Su nombre, por favor, para dirigirme a usted.
—Me llamo Francisco Hurtado
—Pues bien, Francisco, hemos comprobado su boleto y, efectivamente, está premiado… ¡Y bien premiado! Y aunque estoy seguro de que ya ha pensado en qué invertir esa cantidad, me gustaría ofrecerle algunos productos financieros que podrían interesarle.
—Lo que he pensado es que, cuando usted me dé la cita, compraré en la papelería tres sobres: uno rosa para mi Inma, otro verde para mi Curro, que para eso es del Betis,y otro morado porque mi Pedro es muy devoto de Nuestro Señor del Gran Poder… El dinero lo meteré, repartido por igual, en los tres sobres; eso sí, dejaré un piquito en mi cartilla… Se me va una fortuna en taxis cuando tengo que ir a los médicos especialistas. Ah, también quiero comprarle algún regalito a Sarita, que es la enfermera de la residencia más simpática y que mejor se porta conmigo; y la que me compra los cupones y la lotería.
—Y quien que le ha traído la suerte… Estará contento ¿no?
—Sí, claro. Aunque si le digo la verdad, ha llegado tarde… A esta edad, en pocas cosas puede uno gastárselo; bueno, en dar satisfacción a quienes más queremos. A los hijos me refiero… ¿Usted tiene hijos, señor director?
—Sí, dos —dijo mostrándole la fotografía de una niña y un niño—. Y pienso como usted, pero es que hoy en día no se puede regalar el dinero así porque sí… Están los impuestos por donación y…
—¿Está diciendo usted que no puedo regalarles ese dinero a mis hijos? Yo lo de los impuestos no lo entiendo,y para el tiempo que me queda de vida no necesito aprender más.
—Verá, vamos a hacer una cosa. Usted traiga los sobres… Es más, ordenaré que vayan a comprarlos y hoy mismo lo dejamos resuelto, que estamos ya a 23. En cada uno de los sobres pondremos una felicitación de navidad,de las que tenemos para los clientes de la entidad, junto con mi tarjeta. Se las entrega a sus hijos y les dice que el regalo está en el banco.
—La verdad es que me hubiera gustado darles los sobres abultaditos por los billetes…
—Piense en la cantidad de robos que se llevan a cabo a diario. Los ladrones suelen seguir a las personas mayores que salen de los bancos para abordarlos y…
      ​—En eso tiene usted razón.
      ​—Pues si no tiene prisa, póngase cómodo y en un ratito tendremos los sobres listos para que se los lleve. Mientras tanto, le serviremos un café, un té… Lo que desee, solo tiene que pedírselo a la señorita Elisa.
      ​—No tengo prisa hasta la hora del almuerzo que es a la una menos cuarto… Yo no tomo café ni té porque me sube la tensión… Un vasito de agua estaría bien.
 
Esa misma tarde, Francisco llamó a su hija por el teléfono de la residencia. Le dijo que el 24 de diciembre le gustaría reunirlos a ella, sus hermanos y nietos en un restaurante y celebrar la nochebuena juntos. Le pediría al dueño buen marisco y jamón de pata negra. La hija le recordó que hacía años habían quedado, y él estuvo de acuerdo, que cualquier día de las fiestas navideñas sería igual de buena para comer juntos, y así sus hermanos y ella podrían hacer planes por separado. «¿A qué viene ahora ese cambio, papá?», le preguntó. Él le respondió que tenía unos regalos preparados y le gustaría dárselos ese día. Francisco no quiso insistir ni tirar del argumento de los pocos años que le quedarían para celebrar la nochebuena con su familia. Probó con los varones, por si acaso pudieran convencer a su hermana. Ninguno de los dos respondió la llamada y sor Amparo les dejó un mensaje de voz: «No le pasa nada a su padre, es solo que le gustaría cenar esta nochebuena con sus hijos. Cuando pueda llame a la residencia y le pasaremos con él».
 
Era la mañana del 24 de diciembre. Sor Amparo entró en la habitación de Francisco con una hojita de papel en la mano.
       ​—A ver Francisco, su hijo Curro ha llamado. Quise avisarle, pero dijo que yo misma le diera el recado: «Que él ya ha quedado con sus suegros, y que ha hablado con su hermano Pedro y este se va a la playa con su familia».
Francisco no hizo ningún comentario; solo le dio las gracias a la monja. Se levantó del sillón y se acercó a mesilla de noche.
 —Amalia, ¿qué harías tú con cerca de un millón de euros, si los chiquillos no lo quisieran? —preguntó—. Pero no me respondas ahora mismo porque no tengo ganas de discutir contigo… Mejor, esta noche. Te prometo que cantaré los peces en el río para que te rías de mí —dijo y puso bocabajo el marco plateado.

Relato. "Escapada del campo". Mar Alonso

Club Caliope


Faltaban sólo unas horas para la rueda de prensa y apenas una semana para el momento clave. Eran las cinco de la mañana y, como cada día, Sonia emprendía su salida para correr. Hoy, con mayor velocidad de la habitual.
Corrían las lágrimas por su rostro sin rumbo fijo, salpicadas en el camino por el viento que las iba ramificando por sus mejillas. Hoy especialmente le molestaban. Porque eran brotes más densos, alimentados no sólo por ese frío de la mañana que hace llorar, sino por la pena tan profunda que sentía y el vacío que le había dejado esta fecha en el calendario.
Quince años con la misma rutina, era el único lujo que se permitía en su austera y solitaria vida. Un hábito que le hubiera puesto en contacto con el mundo, de no ser porque a esas horas sólo se cruzaba con algún joven volviendo a casa, y en fin de semana.
Cuando empezó, se sentía orgullosa. Cada paso que avanzaba era un plus de seguridad y una huida de esas uñas sucias oliendo a ganado que cada noche le pellizcaban su carita antes de irse a la cama, cuando era pequeña. De esos horarios infernales junto a su madre amasando pan mientras todos dormían.
Había escapado de aquel infierno que le avergonzaba, del que renegaba cuando fue a la universidad y no conocieron jamás sus compañeras de piso. Una vida rural y llena de sacrificio con la que sus ajados padres costearon el objetivo que ella se marcó, y que los separó para siempre.
La meta era dura y a cabezona no le ganaba nadie. Estudio, estudio y más estudio. Consultas, preparación física, análisis, memorización. Sin concesión alguna para el ocio, la convivencia, la amistad y, al final, ni la vida.
Había llegado el momento. Hoy se presentaría como la primera mujer que emprendía la aventura de conquistar el planeta Marte, un acontecimiento mundial del que se harían eco todas las televisiones. Al otro lado de la pantalla, nadie se sentiría orgulloso de haber entrado en su corazón, de haber compartido risas, de haber sido su confidente, ni siquiera de traerla al mundo porque sus orígenes ya se habían borrado.
Y ella, henchida de pánico, cumpliría su gran hazaña. Sin desperdirse de nadie al partir, sin añorar un abrazo al llegar. Con el único deseo de perderse en el espacio.

04 diciembre 2021

Comentarios. "La soledad de los números primos". Paolo Giordano

 Autor: Rafael Serrano Allely

 Mis notas.

 

El gran tema es la soledad, tal como indica el título del libro. Pero también el amor o su aproximación. También la incapacidad de expresar sentimientos (como consecuencia de traumas sufridos en la niñez); el acoso escolar, la crueldad, la manipulación; la responsabilidad  excesiva que los padres depositan en Mattia  en relación a su hermana autista y, en el   caso de Alice, el complacer a su padre en una actividad que odiaba sobre manera y como consecuencia el odio que siente hacia él; en el caso de Mattia el odio es en sentido inverso: Mattia era el responsable de desaparición de su hermana: asunción de culpabilidad; las dificultades para acercarse a los demás, falta de comunicación con los padres


Los traumas vividos no les afecta por igual a los dos.  Alice ha aprendido a acercarse a los demás (Mattia, Viola, Fabio), incluso a mimetizarse con sus compañeras. Quiere ser aceptada, pero todo tiene un coste para ella.  Cuando se casa con Fabio no lo hace por amor sino porque estima que será bueno con ella.

Mattia ha aprendido a cerrarse sobre si, a no proyectarse, lo que le confiere un carácter tímido.

No se trata de personajes que, debido a los traumas que viven, estén llamados a encontrarse. Lo que no quiere decir que en ocasiones estén cerca, pero en el último momento hay algo que se guardan e impide prosperar el acercamiento. Alice estuvo a punto de expresar a Mattia su amor, pero no se atrevió.

Aquí es  cuando cuadra la teoría de los números primos que de manera magistral introduce el escritor:”Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho. Cuando se imaginaba confiándole cosas así, la fina capa de sudor que cubría sus manos se evaporaba y durante los siguiente diez minutos era incapaz de tocar nada”

Aunque desde el principio (capítulo 1 y 2) se determinan los traumas que van a marcar sus vidas, a lo largo de la novela se va materializando las consecuencias de dichos traumas en sus vidas, con un conocimiento, a mi entender, muy acertado desde el punto de vista psicológico.

A parte de los personajes principales, describe muy bien a Viola: su capacidad de manipulación y crueldad, su frustración ante su primera experiencia sexual, su contento cuando ve a Mattia y Alice de la mano tal como había propiciado, aunque en el fondo tampoco había sido una buena experiencia para ellos.

También me ha llamado la atención (capítulo 45) la parte en que Alice  le pregunta a Mattia si quiere conducir y él contesta que no se atreve. Interpreto este texto como una metáfora. Alice le incita a que a que conduzca. A que tome en sus manos sus decisiones. “al contrario de lo que les sucede a las personas normales, que ganan confianza según envejecen, él confiaba en sí mismo cada vez menos”

Veo  un paralelismo entre la imagen de Alice que aparece en el primer capítulo, cuando cae por un barranco y queda en la nieve hasta que la recogen y cuando en el capítulo 47 se describe una situación en la que se encuentra tendida en el suelo: “Mattia estaba lejos. Fabio estaba lejos…Tampoco ahora vendrían por ella. Tampoco ella lo esperaba”

“Con un poco de esfuerzo podría levantarse sola”

En general me ha parecido bien la novela.

 No obstante el título me ha parecido excesivamente indicativo cuando el tema está suficientemente desarrollado en el libro.

Los antagonistas tienen un valor excesivamente instrumental.

La venganza de Alice sobre Viola me parece más una venganza del escritor contra dicho personaje.


Pueden interesarte

Club Caliope Autor: Rafael Serrano Allely Cadáver exquisito   ¿QUIÉN ERA? Un Santo. ¿DÓNDE ESTABA ? Debajo de la cama. ¡QUÉ HACÍA ? ...